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miércoles, 3 de octubre de 2012

aunque ganara Chávez la situación no será jamás la misma. se acabó la impunidad del chavismo que tendrá que limitar su accionar a los cánones de la Ley consertados con una fuerte oposición formal y real El Dia de SC


Quién ganará en Venezuela? No importa si es Hugo Chávez o Henrique Capriles el que resulte vencedor de las elecciones generales del domingo, porque de cualquier manera, el conjunto del país caribeño y sus relaciones políticas ya no serán las mismas después de los comicios, los más importantes de los últimos trece años.

Algunos vaticinan que el joven candidato opositor puede resultar el vencedor y en realidad eso no sería una novedad, pues el chavismo venezolano ha sido derrotado en varias ocasiones. Fue vencido en un referéndum y perdió en las urnas importantes bastiones políticos, pese al fraude y al impresionante aparato  electoral que controla el oficialismo. Sin embargo, el partido de Hugo Chávez Frías tenía la fuerza y el apoyo suficientes como para estropear los resultados, patear el tablero y dar cuenta de sus adversarios gracias a su maquinaria de persecución judicial.

Hasta ahora, los opositores venezolanos, que cometieron gruesos errores como abstenerse de participar en una elección que le posibilitó a Chávez conseguir poderes extraordinarios y más del 80 por ciento de presencia en el Poder Legislativo, eran capaces de ganar una elección pero obviamente no tenían la fuerza indispensable para defender esos resultados en la calle, en los tribunales y el resto de la estructura republicana que ha sido copada por los “revolucionarios” a la cabeza del exmilitar golpista.

La situación ha cambiado radicalmente en Venezuela desde el surgimiento de Henrique Capriles Radonski, un joven político que salió de las filas chavistas, que fue apresado por el abuso oficialista y que tiene importantes rasgos del caudillismo que tanto cautiva no solo a los venezolanos, sino a casi todos los latinoamericanos.

La figura de Capriles se levanta al mismo tiempo que Hugo Chávez se precipita hacia el abismo de la incertidumbre, producto de su enfermedad y de los graves problemas económicos y administrativos ocasionados por su proyecto político en Venezuela, un país sumido en la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad, la inflación y otros problemas que han obligado al régimen a tener que vender parte del oro del Banco Central para pagar las deudas de PDVSA, la petrolera nacional que aporta con más del 80 por ciento de los ingresos estatales.

Capriles, además, ha hecho una campaña impecable, ha recorrido cada pueblo del territorio venezolano, ha recibido el apoyo de todas las facciones opositoras y ha logrado recaudar fondos millonarios para conseguir una presencia disidente nunca antes vista en la última década. Sobre todo, con su fuerza, con su oratoria y el gran despliegue, ha conseguido introducir en la mente de los venezolanos, que después de Chávez sí puede haber una alternativa de conducción política en el país y que no será como la pinta el autócrata, que la nación puede sumirse en una guerra civil y el caos. El domingo, el presidente venezolano se sorprenderá al conocer cuánta gente no cree en su amenaza que proviene del mesianismo absurdo que guía todos los sistemas populistas de la región.

Lo más importante. Si gana Chávez, que es lo más probable, según las encuestas, la situación ya no será la misma o al menos, no debe ser la misma si es que el caudillo aspira a terminar su mandato. El radicalismo, el abuso y al atropello de las leyes tienen que ser reemplazados por la concertación.
La situación ha cambiado radicalmente en Venezuela desde el surgimiento de Henrique Capriles Radonski, un joven político que salió de las filas chavistas, que fue apresado por el abuso chavista y que tiene importantes rasgos del caudillismo que tanto cautiva no solo a los venezolanos, sino a casi todos los latinoamericanos.