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sábado, 6 de octubre de 2012

excelente editorial de OPINION, aunque no lo menciona la primera condición de una buena diplomacia es la ética y la coherencia. improvisación, favoritismo, recomendaciones todo es irracional.


La representación diplomática tiene que ver con profesionalismo y conocimiento, pero también con elementos materiales. En vez de avanzar se reproducen los mismos males.

Una de las acepciones, entre tantas, sobre lo que es la diplomacia señala que es el manejo profesional entre soberanos, es decir entre dos países. Sin embargo, existe una que dice que es el sentido común y la comprensión aplicados a las relaciones internacionales, o sea que es la aplicación de la inteligencia y el tacto a la dirección de las relaciones oficiales entre gobiernos de Estados independientes.

Lo cierto es que sin la diplomacia las relaciones entre naciones habrían sido mucho más dramáticas, cuando la negociación es relegada por la fuerza y donde los medios pacíficos quedan atrás y prevalece la irracionalidad y sobrepasa un sistema internacional que trabaja para garantizar la pacífica convivencia.

La diplomacia, conceptuada como una carrera no solo administrativa o de escalafón, sino como una especialidad, en el país casi siempre ha sido truncada en diferentes momentos políticos y esquemas gubernamentales. Los esfuerzos por el respeto al escalafón y a la carrera diplomática resultaron vanos. En el espectro internacional ahora mismo deben ser pocos los funcionarios de carrera que quedan en las legaciones diplomáticas de Bolivia en el exterior y si aún mantienen estos cargos, es porque resultan imprescindibles. Sin ellos casi nada podría funcionar en las relaciones diplomáticas y en las tareas específicas.

Lamentablemente la improvisación ha sido una constante y la designación de los funcionarios diplomáticos en diferentes rangos, empezando por los embajadores y cónsules, ha sido, con excepciones, el resultado de los favoritismos políticos, de las recomendaciones y de la militancia partidaria. La diplomacia boliviana de ese modo transcurre históricamente entre la improvisación y una especie de irracionalidad, porque en cargos de alta especialización se nombran a personas que no reúnen los requisitos necesarios. Esta situación tiene un costo para el país, para su imagen, para sus relaciones bilaterales y en realidad para una proyección de una de las áreas que el Estado debe cuidar con mucho celo y dedicación porque de la misma depende un país que busca ser parte importante y respetado de la comunidad internacional.

En otro plano de esta problemática, hoy surge un asunto que también adquiere gravedad y connotaciones en el contexto internacional. Por un lado está la inestable carrera diplomática y por otro, los bajos salarios que perciben nuestros diplomáticos lo que deriva en situaciones bochornosas. El cuerpo diplomático boliviano siempre ha sido mal pagado, pero actualmente, parece que la situación se ahonda con emolumentos que no tienen nada que ver con la realidad internacional. Antes los malos diplomáticos utilizaban el cargo para lograr prebendas personales mediante negociados que los convertían en una especie de contrabandistas con pasaporte diplomático y que les facilitaba el negociado con vehículos y especies de lujo. Ahora sus bajos sueldos parece que los impulsan a cometer irregularidades declarando a sus familiares poco menos que indigentes y amparándose en instituciones de beneficencia.

Sea como fuere, la realidad es que en materia de diplomacia, no existen avances y por el contrario, con matices, se reproduce una situación que casi siempre avergonzó al país. El conjunto de la representación tiene que ver con especialidad pero también con elementos materiales, como sueldos, locales, archivos, documentos etc.