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lunes, 12 de noviembre de 2012

repite Dante Pino el método de su minucioso análisis sobre Bolivia. pone énfasis en la Fiesta, la Siesta y la Cerveza "un estado de bienestar que vivió Europa" de la que se despertó con horror, hambre y dolor inauditos.


Es cierto que una cosa es estar dentro y otra fuera. La perspectiva puede ser diferente. Por eso hay que procurar ser objetivo. Para mirar el proceso boliviano, hay que estar en distintos pisos: el económico, el social, el institucional y el político, porque todos ellos no van al mismo ritmo ni tienen los mismos objetivos. El nuevo Estado denominado Plurinacional esta jalado por disparejas carretas, con conductores que van por su lado y caballos de fuerza opuestos. Así mientras la economía camina con las rieles del capitalismo, las instituciones van por el sendero del estatismo, la sociedad se paraliza con ideas superadas por la historia y lo político está en la caza de la supervivencia indefinida sin objetivos concretos.
La economía, uno de los pilares sobre los cuales existe más carga ideológica que científica, se maneja con el mismo avión del neoliberalismo. Nunca tuvimos una economía absolutamente liberal. El Estado del 52 siempre estuvo presente. Y no tenemos ahora una economía socialista ni siquiera tenemos un capitalismo de Estado. En el afán desordenado de destruir y aniquilar la economía neoliberal el MAS se ha dedicado a golpear con palo a la coraza de fierro, le hace abolladuras, eso es todo y cada vez que logran algo gritan entusiasmados.
La inversión es un cuento de nunca acabar. Se requiere inversión hidrocarburífera con urgencia y no se tienen respuestas, pero se siguen pagando costos recuperables a las petroleras por su presencia y administración de las plantas, ausencia de recursos humanos dispuestos a gestionar YPFB  y presencia absoluta de políticos que no tienen la menor idea de lo que es este negocio. Resultado: menor producción de gas, seguimos vendiéndolo como materia prima, no podemos hasta ahora tener las plantas separadoras de líquidos, ningún proceso de industrialización, es decir, todo como antes.
El Presupuesto General de la República tiene la misma conformación de siempre, con cifras y porcentajes diferentes. Se destinan más recursos a la represión (Fuerzas Armadas, Policía y Gobierno) que a la educación, se agranda el gasto en sueldos y salarios (empleomanía estatal) y se compra mucho (corrupción) mientras que las asignaciones para consolidar la infraestructura productiva, mejorar la salud y la educación siguen siendo la cola del furgón, no importa que la presentación del Presupuesto esté debidamente maquillada.
Todo esto nos lleva a una realidad: para el gobierno el neoliberalismo es cuestión del pasado, pero ellos viven del pasado. 
A corto plazo, la economía está bien, los ingresos del narcotráfico y del contrabando lubrican las actividades del comercio y servicios, el gasto del gobierno es monopsomico, un solo comprador y muchos vendedores, que aplauden lo que hace con tal de tener contratos. Se ha denunciado que hay empresas que ganan estos contratos con montos ochocientas veces superiores a su patrimonio y le venden al gobierno inodoros de oro. Así: ¿cómo no hacer de la vista gorda todo lo que pasa en el contexto?
A mediano plazo la cosa es distinta, las subvenciones comienzan a pesar, la desesperación por acercarse al maldito capitalismo es mayor, se emiten bonos de deuda para pagar la cuota de ingreso, se dispara el gasto asistencialista en bonos y la cobertura para atenderlos se debilita, los fondos de pensiones comienzan a mostrar menos rentabilidad, y si las exportaciones de gas disminuyen o el precio de las materias primas: minería y gas, bajan, la situación daría un vuelco enorme.
Este panorama parece encontrarse con las elecciones donde la reelección es inevitable, de ahí los anuncios sobre la subvenciones a la gasolina, diesel y gas licuado. Quieren preparar el escenario  nacional para tener el sí a la eliminación gradual de las subvenciones, y financiar el gasto de esa manera, a costa de volver a postergar la inversión. Total el MAS ha vivido seis años del dinero fácil y quiere prolongar su estadía manteniendo más o menos el mismo panorama.
Bolivia está viviendo los tiempos europeos de Estado de bienestar, todo es derroche para la fiesta y la buena siesta. Nadie en estos momentos está dispuesto a escuchar la voces de advertencia que se hacen, pues la fiesta tiene mucha ruido, mucha cerveza y comida.