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viernes, 14 de mayo de 2010

el título lo dice todo "el estómago del pueblo" refiriéndose al rechazo de un incremento impuesto a la fuerza. las protestas siguen (El Deber, SC)

Tal vez porque no tuvo a su alcance a la oposición política ni a las detestables oligarquías separatistas, el gobierno que encabeza Evo Morales ha tenido que salir con la cara pelada a enfrentar a las organizaciones populares, al pueblo propiamente dicho, que a merced de la desesperación y frente a sus crecientes necesidades básicas, demanda y exige un tratamiento salarial acorde con el costo de la vida que amenaza elevarse hasta las nubes y más allá aún y que afecta a su estómago.
Y aunque tal vez las arcas del Estado no se encuentran en condiciones de mejorar el régimen salarial más allá de los porcentajes ya acordados, no correspondía ni corresponderá nunca usar de la fuerza bruta, de le metralla fratricida incluso, para acallar las airadas exigencias de las masas trabajadoras asfixiadas en medio de sus seculares miserias. En lugar de cerrarse a toda fórmula de diálogo y de negociación y de empezar a los ciegos garrotazos, el Gobierno debió extremar sus convocatorias a la sobriedad en aras del supremo interés nacional seriamente expuesto y comprometido.
Ciertamente no eran muy propicias las circunstancias para exigir sobriedad al pueblo, para instar a la postergación de demandas que inflarían el gasto público. Con qué cara se les podía pedir a las multitudes abrumadas por la pobreza que siguieran padeciendo la seca y la meca como vulgarmente se dice, si justo hasta la víspera, nada menos que el jefe supremo del Estado Plurinacional empobrecido andaba con ánimo festinatorio empeñado en hacer frente al gasto superfluo en la compra de una aeronave presidencial y otros artefactos de los que nunca será problema prescindir en viviendo períodos de crisis económica como lo son, sensiblemente, todos los que se ciernen bajo nuestros azules y anchos cielos bolivianos.
De todas maneras, hubiese sido preferible que desde las altas esferas del Gobierno nacional se buscara cabezas de turcos para cargarles las culpas por las marchas de protesta, las movilizaciones masivas, los tumultos, los faltamientos a la autoridad y al orden y el quebrantamiento de la paz. Preferible desde luego, y en todo caso, que la represión a tiros que cobró muertos y heridos y que pudo derivar en un desastre y una desgracia mayores todavía.
Llevamos contabilizadas unas muy preocupantes jornadas plenas de violencia, teñidas ya en sangre y enlutadas ciertamente, lo que impone dramatismo y tragedia al presente tiempo que no se sabe aún por dónde irá a despuntar. Y lo sombrío no desaparece, sensiblemente, y sí por el contrario, se torna más denso porque hay evidencias de que se alecciona a grupos de choque para que salgan a enfrentar a sectores populares que persisten en demandar mejoras salariales que contemplen cuando menos necesidades primarias de los más desposeídos. Que esos grupos de choque no se descontrolen porque habría desborde de sangre en las calles citadinas del país y el sentimiento nacional no se merece tal lastimadura.