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viernes, 28 de mayo de 2010

lo sucedido en el norte potosino ya tiene un nombre LA MASACRE DE UNCIA y cómo lo ve ED de SC

Cuatro policías torturados y asesinados en la región de Uncía es un nuevo hecho de sangre que viene a sorprender a las autoridades nacionales, como había ocurrido hace una semana en San Ramón y hace dos en Caranavi.Odios antiquísimos entre algunos ayllus de la región potosina de Uncía y la proximidad de la frontera con Chile -fuente de contrabando de entrada, además de la vía de salida del narcotráfico-, son algunos de los elementos que ayudan a comprender la masacre de Uncía.
Además hay que anotar en esta lista el desconocimiento casi total que parecen tener las autoridades policiales sobre las situaciones con potencialidad conflictiva que se dan en diferentes regiones del país. Si hay una sección de inteligencia en la Policía, no se lo ha notado en estas semanas.
Resolver los problemas cuando se han convertido en conflicto, como en Caranavi, o cuando hay cadáveres maniatados o masacrados, como ocurrió en San Ramón y Uncía, respectivamente, no es algo que refleje una actitud profesional e inteligente de la institución policíal.
Sobre el caso de Uncía, lo que se sabe es que en la región se dan casos de enfrentamientos de los ayllus Laimes y Jucumanis desde que se tiene memoria. Dejar esa zona sin custodia policial o militar es una irresponsabilidad.
El gasto en defensa representa alrededor de 70% del presupuesto de gastos del Gobierno nacional este año. El Ejército y la Policía tendrían que responder mejor a ese tratamiento privilegiado, para evitar al país sorpresas tan desagradables como las que estamos comentando.
En este drama, el hecho de que las tropas del Ejército estén bloqueando un puente en la ciudad de La Paz parece un insulto, mientras en el altiplano los ayllus de Uncía anuncian que han declarado territorio libre toda la zona, además de que no permitirán el rescate de los cadáveres de los policías asesinados.
El ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, le está debiendo al país más de una explicación, a pesar del corto tiempo que lleva en el cargo. Pero él no es el único responsable. El país se ha hecho muy complicado, las actividades económicas ilegales se han fortalecido, la inseguridad ciudadana se ha convertido en una pesadilla de día y de noche, pero las preocupaciones de las autoridades parecen estar dirigidas hacia otras cosas.
Está haciendo falta una estrategia seria de seguridad nacional. Está haciendo falta que las autoridades comiencen a aceptar que hay otras cosas importantes, mucho más importantes, que la política y los afanes de contrariar a la oposición o a las regiones.
Las autoridades gubernamentales tendrán que advertir que cuando concentran sus iniciativas y sus esfuerzos en flancos equivocados, los verdaderos problemas se convierten en pesadillas que amenazan la paz del país, la convivencia civilizada de los bolivianos y la propia integridad nacional.
Concentrarse en buscar venganzas políticas, en persecuciones agobiantes, mientras el país es sacudido por situaciones de violencia sólo comparables a territorios en guerra permanente, es un error muy grave que sólo beneficia a los verdaderos enemigos de Bolivia.