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miércoles, 12 de mayo de 2010

muy benigno LT llama "la danza de las cifras" al engañoso método del MAS de mentir con cifras sobre la realidad económica de la Nación

Uno de los muchos rasgos peculiares que tiene la actual confrontación de fuerzas entre el gobierno central y las principales organizaciones sindicales del país consiste en que ésta se libra en medio de una danza de cifras que tiene tan confundidos a los trabajadores asalariados, a los que se niega un aumento salarial superior al cinco por ciento con el argumento de que las finanzas del país no dan para más, como a la ciudadanía en general, a la que se trata de convencer, simultáneamente, de que nunca Bolivia había gozado de una bonanza económica mayor que la actual.

Que ante tan paradójicos datos, la confusión cunda entre personas que no son expertas en materia económica es de lo más comprensible, sobre todo si se observa la intensa campaña propagandística oficial con que se trata de convencer al país de dos verdades mutuamente excluyentes. Que la misma desorientación se haga evidente en muchos de los informes oficiales y sobre todo en las proyecciones que se hacen sobre el futuro de la economía nacional es, en cambio, además de incomprensible, alarmante.

Es que no inspira tranquilidad ni mucho menos la ligereza con que quienes tienen en sus manos la conducción de la economía nacional hablan de cifras fabulosas cuando de augurar lo que nos depara el futuro se trata, mientras que al referirse al presente –que es el futuro al que hace sólo cuatro años se referían con igual optimismo— lo hacen en términos que no pueden dejar de traer a la memoria las consabidas apelaciones a la austeridad tan propias de los tiempos del tan denostado “neoliberalismo”.

Los ejemplos al respecto abundan. Baste recordar, por ejemplo, que hace muy poco se anunció un plan de inversiones para el próximo quinquenio de nada más y nada menos que 32 mil millones de dólares y hace sólo unos días, en Cochabamba, el Vicepresidente ofreció 4.000 millones de dólares para ponerlos este año a disposición de los empresarios privados regionales para que ejecuten “proyectos de desarrollo”.

Hace ya algo más de un año, se aseguró que YPFB invertiría 1.000 millones sin que uno sólo de ellos se haya plasmado en algo concreto hasta hoy. Similar monto se ofrece ahora para el sector eléctrico y así también cuando se habla de apertura de caminos, de explotar el litio del Salar de Uyuni, el hierro del Mutún y de decenas de otros grandes proyectos que, por lo que se ve, no tienen ningún sustento en la realidad.

No menos estrambóticas son las cifras de las que en los papeles se dispone para gastos nada productivos y sí muy dispendiosos: 400 millones de dólares para armas rusas, otros 150 para armas chinas, 300 para un satélite, 80 millones para dos aviones presidenciales son algunos ejemplos.

Otra muestra de lo dicho es el afán de demostrar que la inflación es poco menos que nula cuando es bien sabido que tal cálculo no tiene más respaldo que un artilugio aritmético mediante el que el bajo precio de los celulares, por ejemplo, neutraliza el alza del precio del pan.

Los citados, entre otros, son algunos indicios de la facilidad con que los números tienden a distanciarse de la realidad en nuestro país. Fenómeno alarmante, pues ya se sabe que cuando eso ocurre, nada bueno se puede augurar.