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sábado, 15 de octubre de 2011

Guillermo Capobianco se pregunta si la elección del domingo será el final de la "utopía democrática" o el inicio de su recuperación histórica?

Al final, el “sueño” del pueblo boliviano de construir una democracia moderna de tipo occidental en el corazón de América del Sur resultó hasta ahora, en los hechos, una “utopía”.

Todos los valores y principios atesorados en siglos de vigencia, desde la Grecia antigua hasta nuestros días han sido desconocidos en la práctica por un régimen político encabezado por un líder emergente de la magnitud del Presidente Evo y de sus propósitos de cambio.

Este domingo se cierra el círculo.

El sistema económico-social que diseñaron los padres de la democracia y que fue durante siglos la base del estado sustentado en los tres poderes interdependientes, ha sido destruido de manera sistemática y reemplazado por el actual “estado plurinacional” más parecido al estado corporativo de la Italia de la primera mitad del siglo veinte.

El retorno de la figura del Inca todopoderoso por encima del estado y sus 36 naciones trata de ser consolidado con la “elección” bochornosa de este domingo 16, de todas las estructuras de un poder fundamental como el de la justicia que desaparecerá en el interior de un estado corporativo con un “duce” que no tendrá siquiera como lo tuvo el italiano del neo-imperio romano, un “Consejo Supremo”.

Después de las elecciones judiciales de este domingo 16, emergerá un estado “sui-generis” en América del Sur, con una fachada democrática muy bien planificada bajo un régimen de corte policiaco-represivo como nunca se vio antes en este país.

El Presidente y su principal mentor ideológico autocalificado como el último jacobino del mundo habrán logrado su objetivo estratégico; la toma del poder total.

Todo proceso tiene su comienzo pero también su final.

Será este el inicio de un régimen dictatorial constitucionalizado de veinte años o el inicio de una resistencia ciudadana que por medios legales y constitucionales consiga revertir la tendencia histórica del “proceso de cambio”?

Es decir reconvertir el “proceso de cambio” hacia causes democráticos modernos con todas sus conquistas sociales, que las tiene, para formar parte de ese sistema mundial y planetario que se llama democracia en el mundo occidental?

Le quedará aún margen de maniobras a este régimen de dictadura legal judicializada cuando los factores fundamentales del poder como las Fuerzas Armadas se resisten a salir a las calles a reprimir al pueblo y la Policía que se fundó para cuidarlo intenta dejar el rol de brazo represivo de las políticas agresivas del “órgano” ejecutivo?

La resolución final de la crisis política del TIPNIS será cuando menos una señal.

El Gobierno se está enfrentando a las comunidades indígenas de las Tierras bajas con toda la fuerza del poder que le queda internamente y a la presión mundial de apoyo a la causa de “la defensa de la madre tierra”.

Será este el final definitivo de la “utopía” democrática del pueblo boliviano o el inicio tal vez irreversible de su recuperación histórica mediante una lucha pacifica, inteligente e imaginativa de quienes alguna vez creyeron en ella e incluso votaron en su momento por la propuesta fallida del Presidente Evo?