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lunes, 28 de noviembre de 2011

la ciudadanía contempla despavorida el clima de desorden y desgobierno frente a la cada vez más nítida incapacidad de SEEM de administrar Bolivia. El Deber en un análisis muy oportuno

Entre los innumerables desatinos que se le escapan de la boca al presidente Morales, estuvo su declaración de “incompetente” para solucionar el grave conflicto de límites entre los departamentos de Oruro y Potosí. Curiosamente, el clima conflictivo se caldea cada vez más en el país y ante la falta de credibilidad del Gobierno, son cada vez más los sectores que acuden al primer mandatario para que sea él en persona el que intervenga para encontrar una solución.

El presidente interviene solo en los asuntos que le interesan y lo hace a su manera. Desde hace meses está completamente abocado al asunto del Tipnis porque tiene que ver con su gremio, el de los cocaleros, un sector sobre el que concentra gran parte de las “políticas de Estado”. Y su particular forma de atender el problema es “a la mala”; es decir, haciendo todos los esfuerzos por descalificar al contrario y, por último, ignorándolo, tal como se ha demostrado en el diálogo que ha encarado solo con una parte de los involucrados; es decir, los que están de acuerdo con la construcción de la carretera que partirá en dos el parque Isiboro Sécure.

Para el Gobierno, escuchar al pueblo significa poner atención solo a los que aplauden y aprueban, pese a que en las encuestas es cada vez más nítido el rechazo de la ciudadanía al estilo de administración de Evo Morales. El estudio más reciente indica que el 56 por ciento tiene una opinión negativa.

Desde que comenzó su gestión en el 2006, el presidente Morales se abocó a gobernar solo para una parte de los bolivianos y lamentablemente esa porción es cada vez más chica, a tal punto que el jefe de Estado es apenas un dirigente sindical sin competencia para actuar en otros ámbitos. Esa excesiva concentración precisamente nos está llevando a todos a soportar con mucha intensidad uno de los flagelos más perniciosos que nos mantiene estigmatizados, cercados por los países vecinos y con índices de inseguridad nunca vistos en el país.

En unos días, las autoridades nacionales iniciarán una “Cumbre Social” con distintos sectores de la población supuestamente para tratar los asuntos más agobiantes. Los más destacados son la crisis energética, la crisis alimentaria y el cambio climático. No hay duda que se trata de aspectos preocupantes, especialmente el relacionado a la energía, sobre todo porque existe la intensión de resolverlo todo a través de un gasolinazo. Pero es indiscutible que ni la agenda ni los protagonistas están completos. En primer lugar, para esa cumbre no existirá el gran dilema de la coca y el narcotráfico; nadie tocará el drama de las persecuciones y la manipulación de la justicia; tampoco se abordará la marginación de los indígenas en el asunto del Tipnis. Será simplemente una conversación amena entre amigos y allegados, como muchas de las que se han organizado en los últimos años, lo que explica por qué Bolivia sigue en la misma situación de siempre, cuando todos los países vecinos han logrado grandes avances en la lucha contra la pobreza y la modernización.

Evo Morales es un líder que consiguió un apoyo histórico para conducir el país y buscar los cambios fundamentales que saquen a Bolivia del atraso ancestral. Lamentablemente su incompetencia y la de su Gobierno son cada vez más evidentes. No escuchar a nadie, no tener un plan, actuar como un dirigente sindical al servicio de los cocaleros, nos está conduciendo a uno de tantos fracasos que nos han condenado a todos a la postergación.

No escuchar a nadie, no tener un plan, actuar como un dirigente sindical al servicio de los cocaleros, nos está conduciendo a uno de tantos fracasos que nos han condenado a todos a la postergación.