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jueves, 5 de enero de 2012

graatificación por el uso de la violencia es lo que recibe Gandarillas. su "incondicionalidad" para con Evo le vale su grado, E.M., le da el generalato nosotros "Mariscal de Yucumo" botín 400 apaleados, torturados, arrastrados en el TIPNIS


El general Tito Gandarillas es el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia. El nombramiento se produce pocos meses después de que el uniformado apoyara el violento operativo de represión contra los marchistas en Yucumo, cuando desde su puesto de comandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) puso a disposición varios aviones Hércules que tenían el cometido de transportar hasta la ciudad de La Paz a decenas de dirigentes indígenas en calidad de detenidos.
Como se recordará, una poblada en el aeropuerto de Riberalta frustró la operación de traslado y finalmente los indígenas terminaron liberados, desarticulando la última fase de la maniobra de intervención contra la marcha.
Todo indica que esta funcionalidad con el autoritarismo gubernamental se transformó en el “mérito” necesario para ascender a la cabeza de las FFAA. Habría que agregar, también, que Gandarillas se anotó varios puntos con el gobierno evista durante la campaña para las elecciones judiciales, cuando calificó a los comicios de octubre de “trascendentales” y aseguró la participación de los militares en el sufragio.
Este nombramiento confirma la existencia de una alianza política entre un ala del alto mando con el gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), lo que desde esta columna hemos definido en ocasiones anteriores como el Pacto Cocalero-Militar.
El acuerdo parece estar asentado sobre una serie de prebendas y concesiones:
1)El Ministerio de Defensa es el que recibe mayores recursos dentro del Presupuesto General del Estado (26% del total, mientras que la cartera de Educación recibe el 3%).
2)Distribución de “bonos de lealtad” entre la alta oficialidad.
3)Extensión del servicio militar obligatorio, proyecto actualmente en análisis por parte del Órgano Ejecutivo.
Ante la pérdida de la mayoría de sus bases sociales (el “proceso de desacumulación”), el gobierno evista opta por fortalecer su alianza con un sector castrense, profundizando el carácter burocrático-pretoriano del régimen…