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miércoles, 22 de mayo de 2013

el dolor de cabeza del beneficio de las pensiones. Mauricio Aira (nota conclusiva)

Conclusiva. partidiendo de la base de lograr consenso, las reformas a la Ley de Pensiones se están ya debatiendo, Ulf Kristersson advierte, que no se trata de llevar la conversación en secreto, de ninguna manera añade el Ministro de asuntos sociales, sino que crear consenso lleva tiempo, y es necesario escuchar a muchos, los análisis, los informes, los resultados para establecer dónde, desde cuándo, cómo se deben aplicar las nuevas normas.
En contactos con mis "colegas de la Union Europea les recomiendo no poner en riesgo todo el sistema por apresurarse en la obtención de las normas".
Resulta satisfactorio comprobar que la Ley de Pensiones tiene una base sólida fruto del acuerdo de partidos que nadie está dispuesto a discutir, de modo que después de cien años partiendo de la premisa mencionada, se confrontan los nuevos retos, que son muy grandes, y son muy adversos, "Sí es cierto dice el funcionario estatal, que oficialistas y opositores discutimos mucho y hasta nos enojamos por otros temas que tienen que ver con la política de bienestar social, aunque en materia de pensiones, lo reitero sí estamos de acuerdo"
Rescato esta frase para aplicarla en Bolivia.
Cómo no ser posible estar unidos en el tema de pensiones cuya importancia nadie desconoce.
Los disturbios sociales de las últimas semanas nos están abriendo los ojos, el tema de la jubilación congrega a todos, nadie se excluye del mismo, interesa a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a cholos y mestizos, a blancos y negros, porqué no sería posible entonces encontrar el consenso?
El beneficio de la pensión vitalicia afecta a todos. Nadie está fuera. Es por tanto un mandato, un imperativo que primero en el parlamento y luego en las organizaciones se discuta a fondo y se acerquen a las mejores conclusiones. Eso sí. Una vez adoptada la norma todos tienen que cumplirla empezando por las instituciones del Estado. De lo contrario sería como ladrar a la luna, que nunca escuchará nuestros aullidos.