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jueves, 6 de junio de 2013


en del Día del Maestro. LTD 

Si hay algo en lo que todos estamos de acuerdo, por encima de cualquier consideración de carácter ideológico, político, doctrinario o religioso, es en la importancia de la educación, porque la suerte de los pueblos depende directamente de la calidad de la formación que reciban sus jóvenes generaciones. Y ésta, a su vez, depende de la calidad de los maestros encargados de formar a la niñez y juventud de una sociedad.
Siendo ambas verdades tan evidentes, lo lógico sería que gran parte de los esfuerzos de la sociedad, a través del Estado y sus instituciones, se dirija a mejorar la calidad profesional y humana de sus maestros. Velar porque éstos tengan las mejores condiciones de vida, de modo que puedan dedicar sus mejores esfuerzos a su propia formación y así perfeccionar sus habilidades para formar mejor a sus pupilos, tendría que ser pues una de las máximas prioridades de toda la sociedad.
Tan importante como lo anterior sería que quienes eligieron la docencia por vocación se consagren a ella aún sabiendo que sus esfuerzos no serán suficientemente retribuidos y que esa situación no cambiará mientras perseveren en una actitud de constante e intransigente renuencia a los cambios, sino sólo en la medida en que sean los más decididos protagonistas de las urgentes reformas que la sociedad reclama.
Es de esperar, por eso, que el día que hoy se conmemora sirva para no perder de vista que en manos de quienes se dedican al apostolado de la enseñanza está, en sentido literal y figurado, el futuro de nuestro país. Razón más que suficiente para felicitar a los maestros en su día y desear que mejoren las condiciones en que realizan su cotidiana labor.