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lunes, 2 de septiembre de 2013

Brasil e Itamaraty deben hacer honor a su tradición y cumplimiento de la diplomacia universal. El Deber se refiere al Caso Roger Pinto


 Un verdadero rompecabezas que nadie atina a armar correctamente es el que se ha producido en Brasil y Bolivia, luego de que el senador opositor Róger Pinto fuera conducido vía terrestre hasta su exilio en el país vecino por funcionarios diplomáticos acreditados ante nuestro Gobierno. La figura de que el senador Pinto ‘huyó’ no existe por tanto; no es aplicable la acusación de fuga, ya que, obtenido el asilo, le fue negado el salvoconducto por la Cancillería para que saliera de forma legal de Bolivia.

Luego de 15 meses, el jefe de misión interino de Brasil, Eduardo Saboia, optó por una audaz decisión propia, dicen que inconsulta, pero que no es responsabilidad del asilado, que no hizo sino obedecer. Extraña, por tanto, que luego de la caída del canciller Antonio Patriota y de lo que pueda suceder con el embajador Marcel Biato y el ministro consejero, Eduardo Saboia, se escuchen rumores de que el senador Pinto estuviera en peligro de ser extraditado a Bolivia; eso es algo insólito, inconcebible en una nación como Brasil, respetuosa del asilo y de las leyes.

Si el Gobierno brasileño deja en manos de la justicia la solución de este asunto, no cabe la menor duda de que el senador Róger Pinto puede estar seguro de que su asilo no será revocado, porque la justicia en Brasil existe. No obstante, debió ser suficiente con que Itamaraty, luego de analizar la petición de asilo, lo hubiera otorgado. Oficialismo y oposición han tomado partido en el puzle diplomático tanto en Brasil como en Bolivia.

En nuestro país, la oposición aplaude como un éxito que Pinto hubiera podido salir hacia su destierro. Y en Brasil la oposición apoya la forma en que el senador boliviano llegó a destino. Nada menos que el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Ricardo Ferraço, expresa, en respaldo de su colega senador, que Bolivia vive “una dictadura disfrazada”, donde el Gobierno “tiene la justicia en las manos”.

Mientras Brasil expone su prestigio tanto diplomático como judicial ante las demandas y presiones que recibirá de parte de las autoridades bolivianas, que desesperan por acallar a Pinto, el senador pandino tendrá el tiempo necesario como para decidir si se establece en el estado de Acre, junto a su familia, o si decide trasladarse a otra nación donde el asilo sea una institución segura e inviolable, que le permita la tranquilidad que requiere luego de tantos meses de padecimiento y persecución