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miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Deber se apura en llamar al texto "Desenlace del Caso Ostreicher" por cuanto el editor considera que está lejano el momento de ponerle punto final sin dejar de reconocer que la mala fama de la Justicia y del país se agrava sin informe oficial de algún valor.

La extraña fuga del país del estadounidense Jacob Ostreicher es una noticia que llega cuando en Bolivia se está viviendo la típica sedación navideña, pero no por eso deja de ser un hecho lamentable que afecta a la imagen del país. Este hombre, que fue detenido en 2011 por haber, supuestamente, estado en contacto con una mujer vinculada al narcotráfico cuando había llegado y estaba buscando tierra para invertir, alegó su inocencia desde el primer momento.
Por esa época, otro norteamericano, en el Chaco tarijeño, fue despojado de sus tierras y acusado de ser esclavista, aunque los originarios de la zona lo extrañan ahora. 

Ostreicher tiene la solidaridad del movimiento semita internacional. Por eso es que el actor Sean Penn vino a Bolivia el año pasado y habló con el presidente Evo Morales, quien lo nombró embajador de Bolivia y de la coca en el mundo. Fue cuando la justicia decidió beneficiar a Ostreicher con el arresto domiciliario. Pero algo salió mal que el Gobierno cortó su amistad con Sean Penn y el preso quedó en situación incierta.


Durante esa temporada se supo que la estancia de Ostreicher había sido desmantelada y que unas 200.000 toneladas de arroz que había cosechado antes de ser detenido fueron vendidas por autoridades a cargo de la custodia. Ahora el hombre está libre, en su país. ¿Cómo salió este preso? Si burló a la Policía, habrá que aplicar sanciones. Si hizo algún arreglo económico, habrá que encontrar a los responsables. Si fue secuestrado, como dice una versión que circuló en el exterior, y liberado tras el pago de un rescate, peor todavía.
Se trata de un caso que perjudica la imagen del país en el exterior. 

Es inevitable relacionarlo con el caso del senador Róger Pinto, que fugó a Brasil gracias a la temeraria solidaridad de un diplomático de ese país.
La justicia boliviana está dando señales muy preocupantes sobre su deterioro, a pesar de que los actuales jueces llevan en sus cargos menos de tres años. El juez que ordenó la detención de Ostreicher sin pruebas que lo sustente es tan culpable como el que le dio arresto domiciliario solo porque un actor intercedió por él ante el presidente Morales, quien no tiene autoridad, supuestamente, sobre el Poder Judicial.

La mala fama de la justicia boliviana, y de todo el país, se acaba de agravar con este caso sobre el cual las autoridades han decidido no dar ninguna información