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martes, 3 de noviembre de 2015

según la acusiosidad de Renzo Abruzzere Evo ha cumplido su rol de la inclusión "del indio en la comunidad nacional" de ahí a construir un Estado Socialista Comunitario hay un largo trecho que no será obra de un solo hombre, de una sola perspectiva, ni de una sola voluntad, de mod que "su misión está cumplica" y el presente sería su último gobierno

La re-re-reelección de Evo Morales a la Presidencia del Estado no solo plantea gravísimos problemas en términos de la institucionalidad democrática, abre también un peligroso camino de i-nestabilidad política que, por lo general, termina destruyendo lo poco o lo mucho que un régimen puede haber alcanzado. La experiencia histórica nacional muestra que todos los intentos prorroguistas terminan en un fracaso muchas veces violento, en la medida en que pretenden alterar de forma forzada el curso natural de un proceso político y porque en el fondo responden a la imperiosa necesidad de reinventar un hecho ya consumado.

Evo Morales, sin la menor duda, ha cumplido a cabalidad el ideario que lo llevó al poder. En medio de una concepción difusa y tratando de construir un proyecto estatal apoyado en las concepciones de su vicepresidente, logró con éxito transformar la matriz histórica que el país había heredado del ‘Estado del 52’, Evo Morales heredó el epilogo de ese Estado. Desde esta perspectiva, no cabe duda que el horizonte histórico en el que se mueve ahora el país no solo incorporó nuevos sujetos históricos y nuevos agentes políticos, sino, además, sustituyó los profundos enclaves de la concepción subjetiva que del país poseíamos hasta antes de su arribo al Palacio Quemado; ya no es posible pensar una Bolivia sin ‘indios’ en el poder, aspecto que sin duda es el mayor logro, y quizás el único verazmente histórico que deja su paso por el Gobierno. 

Empero, esa misión está concluida, de ahí a la construcción de un Estado Socialista Comunitario queda un larguísimo trecho por andar (previa definición de lo que realmente eso es) y sería una ingenuidad pensar que un solo hombre, una sola perspectiva, una sola voluntad garantizan semejante proyecto en un país cuya diversidad es, precisamente, la garantía de la transformación del Estado. Los intentos de prórroga de Evo Morales, a más de expresar el declive del proyecto masista, son la rúbrica de su final, un final que obedece a los límites de la historia y no a las fuerzas del imperio