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martes, 6 de septiembre de 2016

gobernar a favor del bien público y no de intereses partidistas. las protestas van a aumentar hasta llevar a la salida de los corruptos como ha sucedido ya en Argentina, en Brasil y sucederá en Venezuela. en Bolvia luhcar contra la corrupción sigue siendo un precepto incumpllido.

Una encuesta de la reconocida entidad Latinobarómetro ratificó que la mayor preocupación de los bolivianos es la corrupción en el manejo de fondos del Estado. Aunque el Gobierno del presidente Evo Morales ha resaltado que durante su gestión se han hecho esfuerzos históricos contra este flagelo, lo cierto es que este mal endémico de la política boliviana sigue siendo el motivo de mayor malestar para la opinión pública nacional. Dos casos emblemáticos de presunta corrupción resultaron representativos en el último tiempo y terminaron de afectar la credibilidad de la gestión de Morales: las irregularidades detectadas en la asignación de recursos en el Fondo Indígena, que salpicaron a la cúpula del MAS, y el supuesto tráfico de influencias en la empresa china CAMC, adjudicataria de multimillonarios contratos para la realización de obras públicas y que hoy siguen mereciendo una amplia explicación de parte de las actuales autoridades.

Desafortunadamente, los casos de corrupción no son de ahora. Cabe recordar los escándalos en YPFB que involucraron a altos dirigentes del MAS, el caso de los 33 camiones de contrabando en Pando, las irregularidades con las denominadas barcazas chinas y el presunto tráfico de influencias en la concesión a favor de Air Catering, que son algunos de los casos en los que fueron acusados altos dignatarios del oficialismo y del Poder Ejecutivo.

El Gobierno asegura que se hicieron esfuerzos enormes para combatir la corrupción y que esta era mucho peor en anteriores gestiones. Aunque mejoró desde 2013, lo cierto es que Bolivia sigue apareciendo en el pelotón de los países con mayor incidencia por la corrupción en el mundo, tal como lo muestra el último informe de Transparencia Internacional, que ubica al país en el puesto 99. La encuesta de Latinobarómetro señala, además, que el respaldo a la democracia en América Latina se redujo del 56% al 54%, entre 2015 y 2016, lo que también está vinculado con el desgaste de los partidos gobernantes con relación a la corrupción, la inseguridad y los servicios públicos.

Está claro que los electorados en América Latina se han vuelto cada vez más críticos y exigentes con sus políticos, sean estos de izquierda, de centro o de derecha. Se trata de que los dirigentes elegidos gobiernen a favor del bien público y no de sus intereses particulares. Caso contrario se verán protestas y procesos que lleven a la destitución de autoridades cuando estas no cumplan con su promesa de servir al Estado, no a sus billeteras