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martes, 29 de enero de 2008

la tramposa vía del espionaje a compatriotas

En el período de la postguerra, los estadounidenses propagaron la teoría de la "seguridad del Estado", que constituyó el marco de las guerras sucesivas de Corea, Vietnam, y de las revoluciones por todo el mundo subvencionadas por el Tio Sam. "El enemigo en casa" entonces había que espiar a los compatriotas porque entre ellos estaban los comunistas, los quintacolumnistas, los maoístas que atentaban contra la seguridad y por tanto había que seguir cada uno de sus pasos y cortarles las fuentes de sostenimiento y comunicación, apresarlos, en su caso eliminarlos o sacarlos del país. Esta doctrina durante décadas alimentó la existencia de verdaderos aparatos de espionaje, persecusión, tortura y chantaje. De ahí que la puesta en marcha de los mismos métodos para perseguir a las autoridades prefecturales, a los disidentes, a los propios funcionarios del estado, en un gobierno democrático no tiene sentido, por ello el escándalo, la sorpresa, la condena que ha provocado la comprobación del funcionamiento de los mecanismos de espionaje al servicio del Ministerio de Gobierno, por mucho que su titular lo niegue. De ahí la importancia de reunir en ésta columna algunos pareceres sobre el tema como el de Centa Reck, titulado LOS PERSEGUIDORES.

Mientras el presidente Evo Morales y sus ministros se declaran permanentemente perseguidos por el gobierno de EEUU y los prefectos y cívicos de la Media Luna son acusandos de querer desestabilizar a su gobierno, se descubre que en realidad los perseguidores no saben cómo explicar el que durante su gobierno se haya descubierto que existen servicios de inteligencia incrustados en la policía que se han dedicado a espiar a políticos, prefectos, cívicos y periodistas; situación que ha desatado un escándalo que el gobierno está tratando de manejar con distintas estrategias para tratar de deslindar responsabilidades y contactos, que sin embargo son difíciles de controlar.

El descubrimiento de la red de inteligencia ha traído a colación las pugnas al interior de la policía que está dividida principalmente a raíz de intereses económicos y de ascensos, situación que sin duda ha recrudecido a raíz de los manejos que ha realizado el actual gobierno con los mandos militares y policiales, a los que les otorga ciertos privilegios, que sin embargo no es posible que lleguen por igual a la gran mayoría, situación que genera mayores celos y rivalidades de las que ya existían.

El actual gobierno necesita del apoyo de la policía y de los militares, puesto que su política está basada en la confrontación, en la represión de los opositores e incluso en la amenaza y el posible chantaje, situación que podría explicar el seguimiento de inteligencia que se estaría haciendo sobre figuras públicas de la oposición.

La política actual, al salirse de los márgenes de la democracia, recurre a la fuerza pública, apelando a métodos de espionaje que atentan contra la seguridad, la libertad y la privacidad de las personas, al tiempo que generan controles policiales paralelos que conforman una amplia red de vigilancia que pasa a formar parte del Estado panóptico en el que el ciudadano pierde sus derechos y es manejado con métodos de control y vigilancia.

El estado panóptico que comenzamos a experimentar, tiene también altos componentes de corrupción por el poder que adquieren los entes represores en desmedro de los ciudadanos que paulatinamente pierden mayores derechos y libertades.

El estado policial, tiene también la cualidad de ponerle cualidad de delito a cualquier acto que se atreva a enfrentar al poder establecido o que trate de no someterse a sus reglas.

Podemos constatar este tipo de criminalización en el lenguaje del vicepresidente que califica de "actitud de chantaje político" o radicalismo, a las regiones que no aceptan un diálogo dirigido a aceptar su constitución aprobada a costa de ilegalidades y muerte.

El Estado policial lo condiciona y lo penaliza todo. No existe ámbito en el que los perseguidores no se manifiesten y lo más grave es que a pesar de sus acciones panópticas, siempre se declaran perseguidos, víctimas, pasibles de la supuesta intención de dañarlos y atentar contra la licencia que se han auto otorgado para someter, acorralar e incluso matar.