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jueves, 14 de febrero de 2008

Se trata de un nuevo ardid? pregunta Mario Rueda Peña

Primera Plana pone ante sus ojos, la noticia, el acontecimiento mayor de cada dia ocurrido en Bolivia. Por las características del blog, este acontecimiento va resumido con un punto de vista periodístico. Periodista de fuste, hombre de izquierda a quién el editor conoce desde estudiante de secundaria, siempre ha sido un rebelde, en el buen sentido de la palabra y su pluma libre que ha fustigado a derechas e izquierdas, se refiere a la tregua de 60 días solicitada por el gobierno a los opositores. Su sereno análisis refleja la realidad actual:

No es conveniente interrumpir un diálogo como el que empezó hace poco en el país entre el Gobierno y los prefectos de las diferentes regiones, con agenda referida a temas causantes de nuestra actual conflictividad política. Si no se llega a un acuerdo sobre los recursos del IDH y la Carta Magna que los asambleístas del MAS hicieran alumbrar en La Glorieta con graves deformidades y contradicciones en sus partes orgánica y desarrollada, esa conflictividad, a corto plazo, puede derivar en ‘tsunami político’ de peores consecuencias que las que nos acarrearán los actuales desastres naturales, puesto que pondría en riesgo la paz social y la estabilidad institucional en las que debe descansar toda democracia.Acordar una tregua ‘indefinida’, dejando atrás el diálogo, entraña monumental imprudencia. A nadie se le escapa que el Gobierno utilizará la pausa para consolidar posiciones. No sólo en lo que concierne a los recursos del IDH, cuya confiscación sirve ya para financiar la renta Dignidad, sino también a su tan criticada y resistida propuesta de Carta Magna. Y lo único que conseguirán las partes dialogantes, en caso de llegar a un acuerdo en aquel sentido, será demorar por el tiempo referido el estallido de una bomba que de todos modos explotará si no se la desactiva ahora mismo.Conste que empiezan a darse condiciones específicas que inducirán a diferentes sectores a encender y conectar sus propias mechas al explosivo. La inflación en los precios de los artículos alimenticios básicos trepará algunos dígitos al disminuir la oferta de los mismos como resultado de los daños que provoca y seguirá provocando en la agropecuaria, hasta el mes de marzo, la actual emergencia climática. Es posible, en consecuencia, que el Gobierno sea blanco de demandas salariales difíciles de atender.Es que día que pasa se comprime más el poder adquisitivo de los ingresos. Son los sectores humildes los que mayormente sufren por la inflación, toda vez que con lo que ganan ahora sólo pueden adquirir apenas la cuarta parte de lo que antes compraban. Es de imaginarse la irritación lindante con la desesperación que les embargará si continúa el encarecimiento de los artículos alimenticios. Conste que ambos estados de ánimo, en un momento de crispación social y política, empujan a la violencia y la irracionalidad.Carece de solidez el argumento de que los desastres naturales que provoca el fenómeno La Niña en Bolivia obligan a suspender el diálogo nacional para que Gobierno y opositores de toda laya concentren totalmente acciones y esfuerzos en las tareas que plantea la emergencia. La propuesta equivale a algo así como a cierre colectivo de puertas al debate político para que moros y cristianos dediquen el cien por cien de su tiempo a los problemas de La Niña. En Bolivia, como en todas partes del mundo, tenemos unidades operativas específicamente encargadas de las referidas labores, tanto a escala ministerial como regional. Ellas hacen cuanto el Gobierno central les manda hacer, con los recursos que les asigne y en la dirección que les señale. Tomar estas definiciones sólo exige algunas pocas horas de trabajo y no jornadas de sol a sol en el despacho presidencial y en los gobiernos regionales.Así que, repetimos, el fenómeno La Niña no justifica la tregua planteada. Ésta contradice toda lógica. ¿O es que estamos ante un nuevo ardid para ganar tiempo?