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jueves, 13 de marzo de 2008

Guillermo Bedregal enfoca el diseño social para el boliviano

Primera Plana pone ante sus ojos, la noticia, el acontecimiento mayor de cada dia ocurrido en Bolivia. Por las características del blog, este acontecimiento va resumido con un punto de vista periodístico.

El individualismo es el concepto antropológico más extendido en la historia y en particular en la civilización occidental, en la cual se desarrolla la nación boliviana. Se interpreta al hombre como un ser individual en el que la dimensión social es secundaria y sobreentendida. Por ello rechaza todo lo que se refiera a comunidad entre los hombres: religión, historia, familia o política. Sin embargo, una idea del hombre como ser abstraído de su condición social es irreal; no existe ser humano fuera de la realidad social. El individualismo no puede explicar la necesidad y evidencia de las sociedades humanas. Si el hombre es un ser individual, ¿por qué se unió a los otros para compartir un espacio de organización social? Para explicar esto, Hobbes (s. XVII) y Rousseau (s. XVIII) recurrieron a la teoría del contrato social. Ambos autores son paradigmas del llamado “estado de naturaleza”, previo al pacto. Para uno, en ese estado el hombre es malo (homo homini lupus); para el otro, bueno y pacífico. Los pensadores modernos (Locke, Kant, etc.), ante la riqueza multidimensional del hombre, creen que ella debe expresarse en valores que garanticen la paz y la convivencia. Estos “contractualistas” comprenden la sociedad no como la naturaleza social de hombre, sino como resultado de un contrato social artificial: el poder del Estado que se funda en la necesidad de mantener en sociedad a personas sociales por naturaleza. En el holismo o colectivismo se afirma la prioridad ontológica de la colectividad, del todo social, frente a los individuos: lo primario es su dimensión social. El marxismo es el ejemplo más claro de esta concepción. El comunismo soñaba con una emancipación que incluyera a todo el género humano. Su praxis social fue para defender la dignidad humana a través de la sociedad socialista. El valor intrínseco del sujeto individual venía determinado por el todo social. En la práctica política supuso el desprecio y la despersonalización del ser individual y concreto y la “absolutización” del inexistente hombre colectivo. Marx desarrolló su ideología basada en la disolución del ser humano. La prueba está en el socialismo real y su fracaso. Para el Nacionalismo Revolucionario, no es ni lo uno ni lo otro. Su dialéctica no es la reducción del ser humano, que no es unidimensional porque tiene otros caracteres esenciales como su sociabilidad, su historicidad, su trascendentalidad (hijos de Dios). Toda visión del mundo, desde el simple individualismo o la pura colectividad, impulsa políticas con decisiones falsas, sobre una idea incompleta del ser humano. Ni individualismo, ni holismo. Nuestro diseño político de la vida social es adecuado al ser humano boliviano concreto, considera la jerarquía de la dimensión social en el ser humano que es constitutiva y no accidental. La Alianza de Clases —cuyo telón de fondo es el proceso productivo y el desarrollo social— otorga las claves capaces de asumir la tensión del individuo y la sociedad, y para ello propone una política para el hombre cuyo Bien Común descansa en el vigor de la Nación y el valor intangible de la Democracia: es la síntesis de la dimensión individual y social del hombre. La negación de uno de estos rasgos hace inviable la teoría del Bien Común, que incluye la insoslayable categoría de la dignidad humana.
(El artículo es publicado en La Prensa de La Paz)