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miércoles, 20 de agosto de 2008

centa reck refiriéndose al contundente paro por un Estado de Derecho

Cinco departamentos de Bolivia pararon disciplinadamente acatando la medida de protesta que no sólo ha exigido la devolución de las retenciones hechas por el Gobierno del impuesto IDH con que contaban las regiones productoras de recursos naturales, sino que además se ha constituido en una nueva demostración del rechazo profundo que estos departamentos manifiestan hacia la política centralista, estatista y retentiva que pretende implementar el Ejecutivo de Evo Morales.
Es importante resaltar que los recursos del IDH habían sido asignados como parte del presupuesto de los departamentos para que estos puedan hacer inversión social de acuerdo a una planificación regionalizada, situación que ha sido escamoteada por el actual Ejecutivo, que está llevando a extremos la centralización de la economía, planteando un absoluto dominio de los recursos para ejecutar políticas públicas sólo desde el gobierno central, lo que equivale a dejar a las prefecturas sin presupuesto para realizar una gestión propia.
Esta es la manera que el gobierno ha encontrado para quitarles competencias a las prefecturas y para asegurarse que los prefectos no puedan gozar de popularidad o no lleguen a crecer en imagen, situación que le garantizaría al actual presidente el no tener rivales políticos en torno a él.
Mientras los departamentos luchan por establecer un país que gire sobre políticas de corte descentralizado dotándose de estatutos que plantean una redistribución del poder, Evo Morales plantea un país secante, dominado enteramente por la figura del caudillo único, sin posibilidad de que se genere una alternatividad en el poder y menos aún que existan opciones de recambio.
Morales está tratando de construir una hegemonía que no permita que nadie le haga sombra en un futuro próximo, permitiéndose además un manejo discrecional de las arcas del Estado que en la actualidad se traduce ya en un derroche de bonos y prebendas rentistas con las que compra adhesiones y aborrega al pueblo.
No podemos comprender como esta forma de hacer política de corte absolutista, retrógrada y propensa a establecer mayores niveles de corrupción y derroche demagógico en torno a una economía planificada desde un solo nivel de gobierno, puede encontrar eco y resonancia a nivel de gobiernos y organizaciones internacionales.
La alcahuetería de otros gobernantes que hacen la vista gorda a los desmanes con los que se quiere dominar y doblegar al pueblo boliviano, nos muestra un mundo en crisis y con muy poca moral, en el que se permiten atropellos y vejámenes a cuenta de intereses.
El paro y las medidas de bloqueo que se generarán a continuación en protesta por los atropellos del que se sienten objeto los departamentos en cuestión, son medidas desesperadas para demostrar que no pueden dejarse vejar por la violencia de Estado que cuenta para sus fines con todos los aparatos policiales y militares que están totalmente a ordenes y servicios del gobierno.
El paro ha sido una nueva demostración de fuerza, de voluntad férrea de parte de los departamentos que lo acataron para demostrarle al gobierno de Morales que siguen firmes en la trinchera por defender el derecho a vivir en un país en el que se respeten las libertades y el Estado de derecho.
Se puede observar también un fuerte desgaste en la población, un clima de gran tensión signado por un sentimiento de profunda molestia, por una peligrosa sensación de ser atropellados continuamente.
Este paro fortuitamente no desencadenó mayores situaciones de violencia, pero existe el peligro de una explosión social puesto que los ánimos se siguen caldeando y no se encuentra ninguna posibilidad de encontrar una salida mediante el diálogo, puesto que este sigue siendo sólo una estrategia manipulativa de parte del gobierno.