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jueves, 14 de agosto de 2008

Dante Pino se pregunta y con él todo el país...y ahora, qué!

Es la pregunta que todos hacen y la que tiene muy pocas respuestas. La mayoría de ellas tratan, en el marco del optimismo, de mostrar una salida, otras de explicar lo que el pueblo quiso o no decir con su voto y muchas buscando ganadores y perdedores, pero al final de todo queda un sabor a nada y seguimos pensando: ¿después qué?
Es que preguntas como estas no tienen una sola respuesta, porque la realidad no es una, es compleja, como la vida y, las acciones y conductas políticas siguen, casi siempre, por las vías de la pasión antes que de la razón. Confundimos con mucha facilidad nuestros deseos y aspiraciones con los resultados del voto. ¿Pero alguna lectura debe haber en ellos, no? Me dirán de todas maneras. Y sí es cierto, los analistas en cuestiones de encuestas leen los resultados y dan explicaciones que usted las correlaciona de inmediato con sus sentires y sus deseos. Si la respuesta es lo que usted esperaba entonces se enciende la euforia; ¡tenía razón! Y si no es así, le invade la desazón y la desconfianza, no es lo que esperaba.
Que el no o el sí del voto haya tenido un contenido de ruptura o continuidad es obvio, está comprendido en el mismo fondo del asunto, pero además yo busco la ruptura porque quiero otro tipo de gobierno, como yo busco la continuidad porque quiero más de este gobierno. La ruptura implica el quiebre del proceso iniciado en enero de 2005 y la continuidad, su profundización. Si esto es así, entonces el voto en el altiplano quiere lo opuesto al voto en la media luna.
El altiplano quiere y desea sostener el centralismo presidencialista y la media luna busca la manera de eliminar este centralismo con las autonomías. Unos ratificaron y otros revocaron por estas razones. No hay forma de preservar el centralismo sino es debilitando las autonomías y viceversa. En este desencuentro nacional el que tenga el control del IDH tiene el instrumento para vencer la resistencia del contrario. Es fundamental.
El centralismo necesita de estos recursos, que son lo único que tiene el Estado, con el fin de promover el modelo comunitarista-originario que debe hacer del Presidente el padre benefactor, el único que reparte dinero e inaugura obras, que da carreteras, que crea fábricas, que quita empresas y decide el reparto de la riqueza nacional.
No se puede entender el modelo comunitario del Presidente Morales sin este control total y absoluto de los ingresos nacionales. Como no podríamos entender las otras Presidencias: las de los Banzer, de los Paz Zamora, de los Sánchez de Lozada, que tuvieron en sus manos ese control centralizado y maravilloso del Poder. Y así nos fue.
Un gobierno que se precia de ser “distinto” de ser expresión del socialismo, tendría que entender que la revolución real y verdadera para cambiar el Estado Nacional que está en crisis se llama autonomía, sin tapujos.
Por esto el 10 de agosto se fracturó la nación. Unos con el deseo irrefrenable de convertir los símbolos en realidades bajo envoltorios de indigenismo, de revolución democrática y cultural, de comunitarismo- económico y los otros con la decisión de romperlos en mil pedazos y escribir otra historia, que parte de la transferencia del centralismo presidencialista a la del centralismo regionalista y que busca con este sistema generar otro proceso Estatal que revierta las condiciones de dependencia y atraso ocasionadas por el actual Estado Nacional.
Hay pues un choque frontal de visiones de Estado y de formas para distribuir la riqueza nacional. En esto cuenta el IDH como el todo. Sin estos recursos, nadie puede afianzar su posición.
Del plano económico tenemos que pasar al plano político. De la estructura a la superestructura. Eso significa dos elementos: Constitución y Estatutos autonómicos. La primera, nuevamente, busca legalizar el centralismo todopoderoso. A partir de esta constitución nadie podría poner en duda las acciones en el manejo centralizado de la economía y de ahí derivaría todo lo demás. Propiedad privada restringida al “bien comunitario”. Preeminencia social indígena y derechos especiales otorgados por esta constitución para que ejerzan esos derechos. Sin el contenido de esta constitución el MAS no puede avanzar y por tanto es imperativo sancionarla.
Al otro lado los Estatutos Autonómicos reclaman el derecho a decidir en los Departamentos, precisamente lo que la constitución masista les niega: el manejo político y administrativo de sus recursos propios, de los recursos originados en transferencias y de la creación de nuevos ingresos que le permitan ejecutar sus propios proyectos sin interferencia ni permiso del centralismo. Las autonomías reclaman para sí el derecho a decidir y quieren una constitución que reconozca esto con absoluta claridad.
El centralismo muere si acuerda ceder sus derechos privativos y la autonomía se liquida si no recibe estos mismos derechos para desarrollarse. ¿Cree usted que este impase es cuestión de buena voluntad para “dialogar” y decir que sí? ¿Cómo se resuelve realmente una situación como esta?
Está visto que el voto no alcanza. Entonces queda un solo camino: liquidar al opuesto. Vamos a desarrollar esto en el próximo artículo. (aparecido en www.hoybolivia.com)