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lunes, 4 de agosto de 2008

es que cuesta tanto pedir perdón al pueblo de sucre por los tres muertos y los 300 heridos?

Perdón Presidencial por Dante Pino

El señor Vicepresidente García Linera en su acostumbrado tono de voz pausado ha anunciado la decisión de convocar al Congreso Nacional de la República a sesionar el 6 de agosto en la ciudad de Sucre. La Prefecta de ese Departamento, en respuesta, le envía una nota haciéndole conocer que sin un previo acto de contrición presidencial por los hechos sucedidos en La Calancha, la seguridad de su Excelencia no está asegurada. ¿Cómo se ha llegado a este punto?
Cuando la dirigencia chuquisaqueña pidió que los poderes del Estado se trasladen a esa ciudad para dar cumplimiento efectivo al reconocimiento pleno de la capitalidad y demandó que la Asamblea Constituyente trate y debata este asunto como correspondía, fue el señor García Linera quien en nombre del padre Evo dijo que la “sede no se mueve”, con lo cual se puso al lado de unos y en contra de otros.
Hace pocos días en La Paz hubo un foro debate donde se analizó la realidad paceña y el diagnóstico pudo resumirse en una frase “la sede hace rato que se ha movido”. Los indicadores económicos sitúan a La Paz por debajo de Santa Cruz y sus índices de desarrollo humano la ponen en sexto lugar a nivel nacional, con lo que ha quedado reducido, como departamento, a la triste situación de vivir succionando una burocracia estatal y haberse aislado entre la “hoyada paceña y la ciudad de El Alto”: más del 90 por ciento de su población está en esas ciudades y el resto del departamento tiene una bajísima densidad poblacional, amén de la ausencia de integración vial departamental hacía el norte paceño.
Total toda la potencialidad económica de La Paz está constreñida por un tumor que se llama centralismo presidencial situado en su territorio y, cosa de locos, defendido a brazo partido por un grupo de paceños que se ufanan en mostrarse como “defensores del tumor, hasta las últimas consecuencias”.
Ahora bien, Chuquisaca ofendida y vilipendiada por un gobierno que midió el tamaño del voto antes que el reconocimiento de ser parte indisoluble del alma nacional, se resiste a recibir en su suelo a un Presidente lleno de soberbia que estuvo en festejos el día que Sucre derramaba sangre en sus calles y le exige lo mínimo que debe hacerse: reconocer el error de haberla maltratado por el hecho de pedir un debate constitucional sobre la sede.
Pero La Paz no sufre menos. Convertida en prisionera de dirigentes como los de la Cruz, los Patana, los Granado, los Mamani que se arrojan sobre su falda nívea, para mancillarla, humillarla y encadenarla a un centralismo que la ha convertido en lo que ahora es: un departamento sin desarrollo humano, sin respeto social y sin futuro económico. Tiene que soportar en sus calles el desprecio a su derecho a vivir con dignidad. Y lo que es irónico, se le da la espalda pidiéndole apoyo por este desdén.
En fin ni donde quieren “la sede” ni donde piden que se quede parece haber motivos que hagan del festejo patrio un acontecimiento de algazara social. Y tal como estamos el perdón solicitado por Chuquisaca quizás debería extenderse a toda la república. Resulta una ofensa al sentido nacional que se instigue a la violencia y se imponga la sumisión de pueblos que tienen derecho a definir su futuro.