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lunes, 13 de octubre de 2008

bolivia está cosechando los frutos de "la nacionalización" señala los tiempos

A medida que transcurren los días y la magnitud del desmoronamiento de la economía planetaria deja de ser motivo de especulaciones para convertirse en un hecho cuya contundencia no admite duda alguna, se van también haciendo evidentes lo ingenuas que son las reacciones de quienes tienen a su cargo la conducción de nuestro país.
Como se recordará, hasta hace pocos días las principales autoridades del sector insistían en afirmar que Bolivia "está blindada" ante la crisis y que, gracias a la política económica gubernamental, no habría nada que temer. A estas alturas, resulta obvio que estaban equivocadas.
Una semana de permanente caída de las bolsas de valores no sólo de Estados Unidos, sino del mundo entero, ha sido más que suficiente para que los primeros efectos se sientan en Bolivia. El sector minero ha sido el más inmediata y directamente afectado por la abrupta caída de la cotización de los minerales que exportamos. La previsible sustancial disminución los grandes flujos de dólares provenientes de las remesas enviadas por nuestros compatriotas que viven en el exterior, es otro pilar que se derrumba. Pero más grave aun es el panorama que se perfila en el rubro de los hidrocarburos.
El desplome del precio del barril de petróleo en el mercado internacional, lo que inevitablemente arrastrará hacia abajo el del gas que exportamos en una proporción similar, puede reducir hasta en un cincuenta por ciento los ingresos que recibimos por ese concepto. Tan dramática perspectiva, que de por sí condena a la categoría de ridículas las optimistas declaraciones gubernamentales sobre la fortaleza de la economía nacional, resulta más preocupante si se considera que, ya antes de la crisis, las señales de alerta estaban encendidas sin que se las quisiera aceptar. La pésima manera como el gobierno administró durante los últimos años el rubro hidrocarburífero después de la "nacionalización" era motivo más que suficiente para prever días difíciles.
Empero, a tal extremo llegó la ineptitud de los ejecutivos de YPFB, que no sólo no se cubren los compromisos adquiridos con los países que compran nuestro gas, sino que tampoco se puede satisfacer la demanda interna. Ante la insuficiencia de la producción de combustibles se ha anunciado la importación de gasolina desde Chile. Según informes oficiales, serán 18 millones de litros de gasolina especial los que se importen, nada menos del país en el que ese derivado tiene el más alto precio del continente.
Como si eso fuera poco, la empresa estatal del petróleo anuncia que pidió a la Petrobras más de cinco millones de litros de gasolina mensuales para garantizar el abastecimiento en varias regiones del país, de modo que sólo en el mes que transcurre llegarán más de diez millones de litros de combustible procedentes de la compañía brasileña. Estamos pues, cosechando los primeros frutos de la "nacionalización". Hemos pasado de exportadores de gasolina a importadores.
La producción de petróleo condensado y gasolina ha decaído de 50.756 barriles día el 2005 a 49.107 para esta gestión y los altos precios de nuestras exportaciones, que servían para disimular la disminución de nuestra capacidad productiva, han pasado a ser un dato del pasado. En semejante contexto, lo paradójico es que negándose a admitir la realidad, el gobierno central insiste en aferrarse a una ilusión y no adopta ninguna de las medidas que haría falta para al menos atenuar los efectos devastadores de la crisis económica mundial.