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lunes, 20 de octubre de 2008

el optimismo relativo de ayer se trueca en pesimismo. ni siquiera las fuerzas armadas podrían parar la vorágine

Todo el poder para el MAS

Como cualquier acuerdo al que se arribe - incluido el desacuerdo como parte del acuerdo – será fruto de la violación terminal a todo el Estado de Derecho y el ingreso irremediable a un proceso que girará sobre el eje de los cocaleros en Bolivia, debemos prepararnos para lo que se avecina sin remedio.
En estos años de gobierno masista una parte de la sociedad boliviana ha comprendido que de nada sirvió octubre de 2003 y que el quiebre de la democracia con los auspicios de un nuevo amanecer resultó ser el ingreso a una oscura noche de revanchas e inclusiones para excluir. Mientras por otro lado, la “otra parte” siente que al fin está representada donde nunca estuvo y quiere prolongarse en Evo Morales hasta saciar sus ansias para beber de todo el Poder que se pueda.
Los eclécticos de hoy, nos dicen que ambos lados pueden ponerse de acuerdo. Unos aceptando la inclusión del ayer excluido y los otros permitiendo compartir el Poder antes de absorberlo todo. La realidad que es testaruda nos enseña que estos procesos no encuentran equilibrio alguno sin que antes el péndulo de los que ahora detentan el Poder vaya hasta el extremo opuesto con todo su peso.
Los cambios que para ser tales requieren apoderarse de los intereses de clase opuestos, no se hacen en mesas de negociación ni con consensos, esa es una mentira propia de los tibios conductores de una opinión social que se viste de “juiciosa” y se quiere mostrar “equilibrada”, como tampoco se puede hablar de revolución social cediendo lo principal ante lo accesorio.
Ambas formas de hacer política llevan a un solo camino: el desgaste sin cambio ni soluciones. Ni los que reclaman por el orden antiguo logran sostenerlo, ni los que hablan del cambio profundo logran operarlo. Esto ocasiona un estancamiento en todos los órdenes de la vida social. Las instituciones se paralizan y se desmoronan, el sentir colectivo se polariza sin sentido, la política se devalúa aceleradamente, la economía camina sin ruta planificada y produce inseguridad en todos y todo esto termina en una sensación del “sin sentido” donde todo puede caber y nada es verdad.
Hemos llegado al punto desde el cual ya no podemos retroceder, pero tampoco avanzar. Estamos aquí. Parados. Callados. Jodidos y desorientados. Aún cuando los que marchan griten consignas que no entienden y los que los esperan tengan una sensación de “que algo sucederá” para que no suceda nada.
Es que los procesos como el nuestro, necesitan para no paralizarse de llegar a un gran acuerdo central: Para los excluidos de ayer el control del Poder Político y para los excluidos de ese Poder el control del Poder Económico. Sólo esta fórmula hace posible la convivencia y una nueva constitución que avale este acuerdo central. Esto sucedió en otras realidades sociales, Mandela fue uno de los que entendió que para avanzar hay que llegar a un punto de equilibrio y fue este sin duda el que le permitió vencer las resistencias de ambos lados.
Lo que sucede ahora es que el MAS una vez logrado el Poder Político en las urnas, quiere el Poder Económico en la constitución. Esto representa sentenciar a muerte a los que tienen en sus manos el Poder Económico. No hay en la historia un caso en el que los intereses de clase se negocien y se cedan. No lo hay. Los intereses de clase se entregan, luego de una derrota política y militar. Esto es así y no tiene otra forma. Por eso el M.A.S. considera que ha llegado el momento de infligir la derrota militar a sus enemigos de clase. Lo hace con su vanguardia movilizada: los cocaleros y con ellos en las calles de La Paz, limita a los militares a permanecer en sus cuarteles, so pena de ser acusados de genocidio si tratan de evitar que esa vanguardia asuma el control de Congreso, ante la resistencia de la oposición. Lo que sucederá en las próximas horas. (autor: Dante Pino, fuente: hoybolivia)