Páginas vistas en total

martes, 29 de diciembre de 2009

preocupante triunfalismo del MAS y un mensaje con nobles intenciones que ojalá plasmen en la realidad

El triunfalismo exitista del nuevo MAS

Mauricio Aira

La pausa de fin de año que ha servido como merecido descanso para el pueblo boliviano que gozó de un feriado relativamente largo, ha sido aprovechada por el equipo presidencial para renovar bríos y elaborar consignas con la mira puesta en las elecciones regionales del próximo abril. De sus proclamas que no son desconocidas por los medios, “han surgidas otras” renovadas e inspiradas por los expertos venezolanos, españoles y demás que tienen bajo banderas trabajando por “su proyecto” las 24 horas al día, 365 días al año, sin pausa ni recreo. El denominador común es ahora el triunfalismo destinado a convencer a propios y extraños que “su revolución” es un ejemplo a nivel mundial porque tiene una línea “el poder total” y un “único jefe Evo Morales”.

En efecto aquella actitud de seguridad y de superioridad que exhibe el MAS en su conjunto particularmente su máximo líder y su segundo líder constituyen una muestra de la sobreestimación de sí mismos y del afán desmedido de éxito que anima sus acciones de la últimas semanas especialmente. El soberano diría “se les subieron los humos” o de otro modo “se creen demasiado” quizá embelesados en su 64% proclamando que “nunca en la historia de Bolivia, ni de América hubo algo parecido” desconociendo que otro monolítico líder gozó de votación aún superior, sin muestras de existir opositores y no en una, sino en tres elecciones posteriores a la Revolución Nacional de 1952.

El triunfalismo que es más propio de eventos deportivos de masas como el fútbol enceguece a los seguidores que sin haber alcanzado el campeonato exhiben su exitismo antes de tiempo olvidando que “al mejor cazador se le escapa la perdiz” o que “los panes se queman en la boca del horno”, en la faena política tiene efectos devastadores. Álvaro García afectado por delirios de grandeza no ha tenido empacho en proclamar “Bolivia cuenta a nivel no sólo latinoamericano, a nivel mundial…es luz de una revolución y faro en la defensa de la tierra, no es más un –chapi- (quiso decir michi país) y etc., etc.,” en actitud que apabulla con salvaje voracidad. Dios nos libre de un triunfalismo tal que es la más peligrosa de todas las trampas, cuando se llega a las masas sin darse cuenta que el triunfalista no es un triunfador, de tanto mentir a los demás termina mintiéndose asimismo. El triunfalismo se atrofia y muere, antes ha pisado a todos no sabe ver, no respeta a los demás, ni tiene un cambio de actitud sincero ni sabe dar y menos un paso al costado ni en actitud de servicio. (Triunfalismo Clásico) El triunfalismo es un disfraz que al final se pierde.

Resulta oportuno establecer algunas diferencias entre el triunfalista y el triunfador. El primero es el que sienta a la cabecera, el segundo donde se sienta es cabecera, el que se considera autoridad, el otro es el que tiene autoridad, el primero necesita aplauso por todo lo que hace, el segundo merece aplauso. El primero es exhibicionista, el segundo el que colecciona, es amiguista el primero y el segundo es el verdadero amigo. Es convidado de piedra mientras el triunfador es invitado de honor que se ufana, mientras el triunfalista se afana, vive de un agenda, viaja mucho el segundo agenda lo pendiente y disfruta mucho de un viaje.

Quién pudiera negar las diferencias entre uno y otro. El triunfalista vive para las fotos, la foto del segundo tiene vida, genera impunidad es importante, aspira al anonimato, es humilde es influyente mientras el primero compra impunidad se cree importante, pregona humildad, aspira a ser siempre el centro, la estrella, quiere ser elegido vive dando explicaciones, reclama confianza y se hace querer a la fuerza por el temor que inspira, en cambio el triunfador no tiene nada que explicar, irradia confianza se hace querer por el amor. El triunfalista cabalga en la mentira el triunfador detecta la mentira, como cuando se lee en el mensaje presidencial “que estas fiestas traigan bienestar y felicidad a todos los bolivianos…son tiempos de hermandad, de paz y reencuentro familiar” ojalá estén inspirados tan nobles deseos en una sinceridad convincente lejos del que vive en las vidrieras realizando un show interminable.

Un clamor generalizado acompaña la convocatoria de “avanzar juntos hacia una Bolivia unida, digna soberana y con justicia social” y que cese la persecución política, que se confiera el respeto debido a los presos políticos, que se declare una amnistía amplia y generosa que alcance a todos los bolivianos, solo de éste modo “el futuro de la Patria estará en nuestras mano con paz, desarrollo, libertad y democracia” sin la preeminencia de ningún grupo sobre otro. Si acaso no es el triunfalismo exitista que inspira tales positivos pensamientos sino el verdadero amor a Bolivia, entonces no queda otra que “caminar hacia una Bolivia Grande y para todos los bolivianos” sin excepción.