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sábado, 12 de junio de 2010

no hay gestión, la ausencia de Estado es patética. Evo no se baja de los aviones y lo de Uncía es una verguenza nacional a todas luces. (El Deber SC.)

Mientras el país salta de un conflicto a otro, la gestión gubernamental no se deja sentir y la ausencia de Estado se hace cada vez más patente en algunas de sus regiones, particularmente del occidente, el presidente Evo Morales no se baja de los aviones y continúa, infatigable, su periplo alrededor del mundo. Esta vez su destino ha sido Sudáfrica, sede de la Copa del Mundo, donde la pelota empezó a rodar centrando la atención de multitudes a lo largo y ancho del globo terráqueo.
Hasta aquellas lejanías se mandó mudar el mandatario boliviano en un viaje que, probablemente, habrá demandado de las arcas del Estado un monto superior al asignado a las pensiones para las viudas y la decena de huérfanos que dejó el espantoso linchamiento de cuatro policías en el municipio potosino de Uncía. Lo fue, ante la actitud contemplativa y tolerante del Gobierno y de sus organismos llamados por ley a intervenir, a manos de sanguinarios y despiadados comunitarios amparados en su llamada ‘justicia comunitaria’, que sigue cobrándose víctimas en una terrible y virulenta espiral que continúa manchando de sangre la estremecida tierra boliviana.
Don Evo ha dicho que recibió la invitación para estar de cuerpo presente en la cita ecuménica del fútbol mundial. Conocida su afición por el más popular de los deportes, se le hizo imposible al Jefe de Estado declinar el convite que, según él, aprovechará de paso para reunirse con su homólogo anfitrión Jacob Zuma y con otros mandatarios que dizque también se harán presentes en Sudáfrica. “Debo mucho a Sudáfrica, nos hemos propuesto abrir las relaciones bilaterales con embajadores. Tenemos algo parecido y por esa razón acepté ir a la inauguración del campeonato mundial de fútbol”, argumentó Morales Ayma a modo de justificar su nuevo viaje que muy probablemente lo tenga cerca de algún récord mundial como el Presidente más viajero.
Récord que, como cualquier otro, podría y hasta debería alcanzar si acaso no lo ha alcanzado aún, y si aparte de borrarse, el Jefe del Estado, del escenario nacional sensiblemente conflictivo y precisado sin duda de su mediación, no significara un costo sin duda gravoso de verdad, frente a la precariedad de las finanzas del Tesoro General de la Nación.
¿Está Bolivia en condiciones de decir presente con su Presidente en cuanto títere con bonete se convoca jueves y domingos en uno u otro extremo del planeta? ¿Están de adorno embajadores y otros funcionarios diplomáticos bolivianos en el exterior? ¿Compensan de alguna manera los gastos de viaje del mandatario y acompañantes oficiales según su rango, las idas y venidas del encumbrado viajero, sin una agenda en que para nada, incuestionablemente, entran en juego los reales intereses nacionales?
Que no nos vengan con cuentos a la hora de justificar el dispendio.