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lunes, 14 de junio de 2010

si ayer fue El Deber, ahora es La Razón que fustiga al viajero "trotamundos" sin agenda ni motivo


Parece que don Evo Morales ha descubierto en su gestión presidencial una inocultable afición por los viajes, al punto que no se baja de los aviones y continúa, infatigable, su periplo alrededor del mundo. No importa dónde ni a qué deba viajar, esa tarea para él es impostergable; tampoco importa si el país se encuentra agobiado por graves conflictos que esperan su necesaria mediación. El señor Presidente no suspenderá su vuelo de ninguna manera.

Esta vez su destino fue Sudáfrica, sede de la Copa del Mundo. Para una persona a la que le apasiona el fútbol, estar presente en la inauguración de un campeonato mundial de este deporte tiene que ser algo semejante al sueño hecho realidad, un sueño que viene desde la primera pelota que se pateó. Por eso, se comprende que el Primer Mandatario, un impenitente aficionado de este deporte, haya querido —y podido— viajar a Sudáfrica para participar en ese evento.

Pero de ahí a querer justificar este viaje como algo que tiene hondo interés para el Estado boliviano dista mucho. El Presidente afirmó que recibió una invitación para estar de cuerpo presente en la cita ecuménica del fútbol mundial. Se le hizo imposible al Jefe de Estado declinar el convite pese a los sangrientos conflictos que se suscitan en el país. Dijo que aprovecharía su largo periplo para reunirse con su homólogo anfitrión y con otros mandatarios que dizque también se harían presentes en Sudáfrica. “Debo mucho a Sudáfrica, nos hemos propuesto abrir las relaciones bilaterales con embajadores. Tenemos algo parecido y por esa razón acepté ir a la inauguración del campeonato mundial de fútbol”, argumentó Morales a modo de justificar su nuevo viaje que muy probablemente lo tenga cerca de algún récord mundial como el Presidente más viajero.

Ante estas actitudes caben algunas preguntas. ¿Está el presidente Evo Morales en condiciones de decir presente en cuanta reunión se lo convoque en uno u otro extremo del planeta? ¿Es que los embajadores y otros funcionarios diplomáticos bolivianos en el exterior están de adorno? ¿Compensan de alguna manera los gastos de viaje del Mandatario y acompañantes oficiales según su rango, las idas y venidas del encumbrado viajero, sin una agenda en que para nada, incuestionablemente, entran en juego los reales intereses de nuestra nación?

Que no nos vengan con cuentos a la hora de justificar el dispendio. Hasta aquellas lejanías se mandó mudar el Mandatario boliviano en un viaje que, probablemente, habrá demandado de las arcas del Estado un monto superior al asignado a las pensiones para las viudas y la decena de huérfanos que dejó el espantoso linchamiento de cuatro policías en el municipio potosino de Uncía.

El Presidente —con el poder que tiene— podría haber solicitado licencia al Parlamento y viajar a Sudáfrica. Es más, creemos que unos días de distensión le convendrían a él y a la nación. Sin embargo, también suponemos justo que debiera hacerlo con su propio peculio, sin golpear las ya precarias finanzas de Tesoro General de la Nación.