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lunes, 9 de agosto de 2010

jimmy ortiz se consterna por lo que llama "Estado y Narcotráfico" al comprobar lo serio del problema de producción y consumo de cocaína

El peligroso incremento del tráfico y el consumo de drogas en Bolivia no está siendo tratado con la seriedad que corresponde.
Los jóvenes de los 70, que fuimos la primera generación que sentimos en carne propia la irrupción masiva de las drogas en el mundo, sabemos los males que esto conlleva.
¡Cuánta euforia efímera llegó con ellas y cuánta desdicha quedó para siempre! ¡Cuántos de los nuestros quedaron atrapados en sus sucias garras! ¡Cuántos murieron! ¡Cuántas familias sufrieron y se destruyeron! ¡Cuánta fuerza juvenil se ‘despilfarró’ en su ilusoria felicidad!
Las drogas son una verdadera posesión demoniaca. Su potencia tiene más fuerza que el propio yo interior. Las drogas toman literalmente el control de sus víctimas, las trasforman, se apropian de su ser.
En los años 80 se dio el primer pico del narcotráfico en Bolivia y en la actualidad se está dando el segundo. Si en los años 80 fue un turbión, actualmente es un tsunami.
Hoy, nuevas víctimas vuelven a recorrer sus tortuosos caminos. Por desgracia nuestro país tiene mucho que ver con ello: pseudo-agricultores sembradores de muerte, industrias químicas inescrupulosas, procesadores artesanales e industriales, mafias nacionales e internacionales, autoridades que se hacen de la vista gorda y, por último, la ‘complicidad’ de una parte de la ciudadanía, para la cual los narcodólares contribuyen al desarrollo nacional.
Los signos de esta tragedia son cada día más evidentes. Un repaso a los medios nos muestra un panorama desa-lentador: “Eliminaron 1.259 fábricas de cocaína en Chapare” (EL DEBER, 20/05/07); “La economía de la coca-narcotráfico genera entre 327 y 721 millones de dólares en la economía boliviana” (www.ernestojustiniano.org 10/07/07); “Diputado denuncia que Evo Morales favorece al narcotráfico” (www.infobae.com 16/08/07); “Con 147 kilos de cocaína fueron capturadas las hermanas de la mujer fundadora del MAS” (El Mundo, 26/09/08); “Una nación narcotizada” (editorial de Los Tiempos, 11/07/09); “La droga enfrenta a dos comunidades de Cochabamba” (La Razón, 26/09/09); “José Serra acusa o governo boliviano de ser cúmplice do narcotráfico” (Veja, 02/06/10); “Amauta que entregó bastón de mando a Evo cayó con 350 kilos de droga líquida” (EL DEBER, 29/07/10).
México y Colombia son los ejemplos más claros de lo que nos puede pasar en el futuro cercano.
“México enfrenta elecciones estatales bajo la amenaza del narcotráfico” (América Economía, 07/02/10); “En todo el país han muerto más de 26.000 personas por la guerra del narcotráfico desde que asumió Calderón, hace tres años y medio”; “Injerencia de narcotráfico ensombrece elecciones en Colombia” (El Financiero, 13/03/10). El ex presidente César Gaviria dijo: “Los colombianos nos descuidamos, miramos para otro lado muchos años y cuando menos pensamos, el narcotráfico puso en jaque al país, las instituciones y la democracia y mató a dos candidatos presidenciales” (OEM en línea, 09/02/10).
¿Queremos llegar a esto en Bolivia? ¿Necesitaremos otro Noel Kempff para que nos sacuda la conciencia nacional? El Estado tiene la palabra, pero en especial el Gobierno del presidente Morales.

* Ingeniero agrónomo,
jimiortiz@cotas.com.bo