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viernes, 31 de diciembre de 2010

del discurso presidencial. se esperaba una cosa y sucedió otra. sin un contenido pareció una burla, mal hilvanada, peor pronunciada. El Deber, SC

El presidente Evo Morales decidió cerrar el año con un mensaje a la nación que resultó incompleto, pues aludió a una parte de la economía, a una parte de los asalariados y a una parte de la sociedad y el territorio.
El país estaba esperando que el Presidente hiciera un balance de la gestión, con anuncios, preferiblemente coherentes, sobre lo que será el próximo año, pero lo que recibió fue un discurso referido solamente a las dificultades creadas por el gasolinazo decretado por su propio gobierno.
Lo que corresponde en estos casos es que el gobernante de un país que se respeta haga un informe sobre lo que fue el año, hablando de cada una de las áreas de interés, con evaluaciones precisas y con proyecciones elaboradas con capacidad de estadista.
En lo social se necesitaba un informe que aluda a todos los sectores de la sociedad boliviana, comenzando por las dos docenas de naciones en que fue dividido el país por la nueva Constitución Política del Estado.
Se hubiera necesitado un repaso de todo lo que se hizo por cada uno de esos segmentos en este año, un informe del estado en que se encuentran ahora y una proyección de lo que recibirán el próximo año.
En el tema económico, se hubiera necesitado una revisión de todo lo avanzado este año, mostrando todas las falencias y todos los aciertos, pero anunciando qué clase de soluciones se piensa dar en la gestión que empezará en pocas horas más.
Se hubiera necesitado también un informe detallado sobre la seguridad interna, con datos precisos sobre los riesgos que han surgido a raíz de las actividades económicas ilegales, sobre todo el narcotráfico. Este capítulo debía haber sido merecedor de muchos minutos en el discurso del presidente Morales.
El estado de la democracia en el país, ahora que hay denuncias sobre abusos cometidos por el Gobierno, hubiera merecido un informe detallado, que preferiblemente dijera que los atropellos contra la democracia serán enmendados. Aquí se hubiera precisado de un detallado repaso sobre los responsables de cada etapa, junto con las sanciones correspondientes, para que nadie más pueda decir en el exterior que la democracia boliviana es una “democracia payasa”.
En lo económico, correspondía que el primer mandatario explicara cómo es que el país, beneficiado en estos días por cotizaciones jamás vistas en las materias primas que exporta, es el que menos crece en el cono sur Sudamericano y sigue sometido a sobresaltos y penurias como el gasolinazo.
Para ingresar al tema salarial, el presidente Morales debía haberse munido de informaciones estadísticas que le permitan anunciar soluciones para todos y no solamente para la Policía, las FFAA, los maestros y los trabajadores de salud.
Por último, se debía haber escuchado un informe sobre política exterior, que aluda a alianzas convenientes para todos los bolivianos y no resultado de simpatías que el Presidente ni siquiera puede explicar.
En lugar de todo ello se escuchó un informe incompleto, mal hilvanado y mal pronunciado.
Muchos bolivianos entendieron el mensaje como una burla del Presidente y se lanzaron a protestas violentas. En ambos lados deberá retornar un comportamiento racional, pero el Gobierno debería entender que, a pesar de todo, el pueblo boliviano se merece un tratamiento serio, honesto y sobre todo coherente.