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miércoles, 9 de febrero de 2011

Marcelo Ostria se refiere a las vicisitudes de Evo Morales. no lo dice pero el pueblo empieza a calificarlo de "c´kencha" por todo lo que pasa


Hasta hace poco, era opinión generalizada que el gobierno de Bolivia era sólido yestable. Evo Morales, el líder del Movimiento al Socialismo (MAS), a partir de las elecciones de diciembre de 2005, en las que triunfó con un inédito 53% de los votos y que se alzó con la presidencia de la nación, obtuvo otras victorias resonantes: el referendo revocatorio con el voto favorable del 67%, la consulta popular para aprobar la nueva constitución política que configuró el llamado Estado Plurinacional, con un resultado favorable del 61%, y la reelección anticipada en diciembre de 2009 con el 62% de los votos.

En estos seis años el presidente tuvo el respaldo de vastos sectores de la población, especialmente de los llamados ‘movimientos sociales’ y de las agrupaciones de ‘cocaleros’ (los que cultivan las plantaciones de coca), de los que Evo Morales fue -y sigue siendo- el más alto dirigente sindical.

Hasta hace poco, la situación era esperanzadora para el gobierno de Morales: el alza de los precios internacionales del petróleo y de los minerales, junto a las exportaciones de gas al Brasil y a la Argentina, fue excepcional, y prometía una era de abundancia antes no conocida. Esto permitió una política de prebendas en la forma de bonos, y se mantuvo la subvención estatal a los precios internos de los carburantes.

Así las cosas, era corriente la opinión de que el Movimiento al Socialismo (MAS) estaba fuertemente instalado en el poder. Es más, el presidente gozaba de una excelente imagen en el exterior, como símbolo de la reivindicación de los pueblos indígenas -considerados una mayoría en Bolivia- sometidos por las élites criollas.

No es sorprendente, entonces, que las encuestas den a Evo Morales sólo un tercio de aprobación, cuando hace poco menos de dos meses superaba el 50%. No son buenos los vientos que ahora soplan en Bolivia.

Ni siquiera los signos de autoritarismo parecían alterar el apoyo al régimen. Además, contaba -y aún esto persiste- con el respaldo de los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA): Antigua y Barbuda, Cuba, Dominica, Ecuador, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Venezuela. Lo que venía sucediendo en países como Cuba y Venezuela, el primero con un evidente agotamiento de su sistema obsoleto y fallido según confesión propia, y las dificultades de abastecimiento de productos esenciales para los venezolanos, no eran, ni son, buenos ejemplos para el gobierno de Morales. Sin embargo, pudo más la inclinación del MAS a la demagogia y al dispendio.

El gasolinazo, como tanto se dijo, no fue un problema menor. Fue el despertar a la realidad de un gobierno signado por la soberbia. La situación era preocupante. Pero los mismos que entronizaron a Morales en el poder, obligaron el retroceso a cinco días de la desmesurada alza de los precios de los carburantes. Pero no bajaron los precios de los productos básicos incrementados por el gasolinazo. Y lo que es peor: la escalada de esos precios siguió y se hizo más notoria por la escasez de algunos de esos, como el azúcar, y por las perspectivas de una crisis mayor por la carencia de alimentos.

Muchos sectores sociales que antes del gasolinazo no habían criticado en nada al gobierno, ahora lo han hecho, y contundentemente. La Central Obrera Boliviana denunció que el gobierno de Morales no tiene “un plan económico que garantice la soberanía alimentaria del país frente a la escasez y los aumentos de los precios de varios productos en los últimos días”. Y, sobre el informe esperanzador del presidente al Congreso en ocasión del primer año de su mandato, la entidad de los trabajadores bolivianos, afirmó que los buenos indicadores mencionados “no se reflejan en los bolsillos del pueblo boliviano”.

Por si fuera poco, el gobierno, a través de una campaña publicitaria y declaraciones de funcionarios, procura convencer que un incremento de los precios de los carburantes es imprescindible. Puede que tenga razón, pero la experiencia del último gasolinazo, hace que sea complicado dictar una nueva medida de esta naturaleza, aunque se trate de elevaciones menores que la del pasado diciembre. Algunos dirigentes, como el de los gremiales -el poderoso colectivo de los pequeños vendedores- advirtió que, si se eleva la gasolina en 10 %, como él afirma que está preparando el gobierno, su organización no lo admitirá y lo hará protestando en las calles.

Mientras tanto, Evo Morales, en su peculiar estilo, “culpó por la carestía al calentamiento global, al capitalismo ya ‘algunos empresarios’, y sugirió reemplazar el azúcar por miel de abejas frente a la escasez. ‘Los médicos dicen que (la miel) es más saludable. Por eso he pensado cómo podemos emprender un programa para instalar colmenas’, dijo el presidente, al que hoy critican esa ocurrencia algunos medios informativos porque la miel es mucho más cara que el azúcar”. (“Evo Morales en ‘jaque’ por el alza y la escasez de alimentos en Bolivia”. El Imparcial, Madrid. España 04-02-2011). Como cuando el presidente mencionó a los pollos como causantes de la homosexualidad, esto ha movido también a la hilaridad.

En esta cadena de desaciertos, el presidente Morales acaba de anunciar que viajará a China para gestionar un crédito destinado a la construcción de un ferrocarril eléctrico de 1.500 kilómetros de longitud, todo añadido a la gestión para que el mismo país asiático construya y ponga en órbita un satélite artificial boliviano, con un costo cercano a los 300 millones de dólares; es decir equivalente a la subvención anual para los precios de los carburantes. Todo en medio de una evidente crisis.

Pero los problemas del gobierno no solamente se originan en la cuestionada gestión económica, sobre la que hay todavía mucho por decir. La seguridad jurídica y el respeto de los derechos humanos son temas recurrentes. La versión oficial sobre matanza de tres extranjeros en Santa Cruz en 2009, acusados de conspirar para asesinar al presidente y para separar a Santa Cruz de Bolivia, nuevamente ha sido puesta en duda. Se afirma y los hechos lo confirman, que esto ha sido creado para desarticular la oposición en ese departamento mayoritariamente adverso a Evo Morales. Nuevas evidencias están desmintiendo las aseveraciones oficiales. Las dudas se extienden a la idoneidad de los investigadores del Ministerio Público, señalados como agentes políticos del oficialismo.

Aunque no es tan espectacular en la percepción popular, también inquieta la pobre acción internacional del gobierno de Morales, caracterizado por una estridente furia anti norteamericana y anti capitalista. Se sucedieron las contradicciones y los fiascos. Y se llegó a sufrir un total aislamiento en la XVI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático de Cancún, en la que una propuesta de Evo Morales fue rechazada por un inédito resultado: 192 países contra el solitario voto del delegado de Bolivia. Ni Cuba, ni Venezuela ni los otros socios del ALBA, acompañaron una propuesta diferente al criterio predominante.

Por otra parte, es poco comprensible la insistencia del gobierno de Morales en convencer a los bolivianos que la negociación con Chile, basada en una agenda de trece puntos, en el tema de la mediterraneidad tiene todavía perspectivas inmediatas de una solución con transferencia de soberanía, cuando es enfática la negativa oficial del actual ocupante de La Moneda en sentido de que un acuerdo en este tema, no incluirá ninguna transferencia territorial.

La lista de insatisfacciones crece todos los días: inseguridad ciudadana, corrupción, narcotráfico, falta de empleo, centralismo ineficiente, abuso del poder judicial copado por el oficialismo, etc.

No es sorprendente, entonces, que las encuestas den a Evo Morales sólo un tercio de aprobación, cuando hace poco menos de dos meses superaba el 50%.

No son buenos los vientos que ahora soplan en Bolivia.