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martes, 15 de febrero de 2011

Opinion de Cochabamba hace bien al tratar de despejar las dudas sobre un "armamentismo" que bien puede ser cierto

Parece una desproporción pensar que Bolivia está en una carrera armamentista como se especula en el vecino Paraguay. En todo caso hay urgencias sociales mayores.

Durante los últimos meses algunos sectores del Paraguay expresan preocupación por lo que consideran la existencia de un plan de armamentismo en Bolivia. En el vecino país han surgido versiones en medios castrenses y legislativos en ese sentido.

Las heridas de la sangrienta guerra del Chaco, que sostuvieron estos dos pueblos hermanos, ya están cerradas y se trata de un capítulo triste y doloroso que desde 1935 bolivianos y paraguayos han hecho lo posible para olvidar, basados en la explicación de los motivos que originaron la contienda bélica y en poderosos intereses de transnacionales petroleras que no dudaron en atizar la muerte en los tuscales del Chaco. Bolivia llevó la peor parte y perdió la guerra cediendo 598.000 kilómetros cuadrados de su territorio al Paraguay.

Desde esos años ya no se volvió a hablar de tensiones con el vecino país, hasta hace poco, cuando surgieron las versiones a las que hacemos referencia, las mismas, que parecen no tener idea de la situación boliviana en cuanto a sus pertrechos bélicos, porque bastaría dar una mirada a publicaciones especializadas en esta materia, para conocer que nuestro país es uno de los más desprotegidos en cuanto a tenencia de armamento e instalación de cuarteles en sus extensas fronteras. El armamento que posee Bolivia es en unos casos obsoleto, y en otros, no guarda condiciones con la producción de municiones y modelos que posee.

De cualquier modo, parece que aquellas versiones que se escuchan desde el vecino Paraguay, son desproporcionadas y no tiene nada que ver con unas Fuerzas Armadas que no pueden compararse en cuanto a poderío bélico con sus más modestos vecinos.

Es cierto que durante los últimos meses Bolivia y Rusia están negociando la venta de armamento ruso a través de un crédito concesional de 250 millones de dólares, una compra y destino que en todo caso tiene que ser explicada ante la Asamblea Legislativa Plurinacional que justifique el gasto ante otras prioridades de la partida presupuestaria del país, aunque se ha anticipado que se trata de una renovación y no de un potenciamiento de mayor capacidad de armas.

Lo que tiene que quedar en claro, una vez que las justificaciones de renovación de armas sean debidamente conocidas por el pueblo boliviano, es que si hay un motivo técnico para esto, más que razones de potenciamiento, todas las negociaciones se deben realizar con la mayor transparencia posible. Sería grave repetir experiencias de pasados gobiernos donde el equipamiento a las Fuerzas Armadas, derivó casi siempre en negociados y la dotación resultó un fiasco.

En material aeronáutico, Bolivia está desde hace años en una pobreza franciscana. Los pocos aviones son antiguos y poco menos que están en desuso, los contados helicópteros son de entrenamiento, y ahora mismo se ha informado que el Ministerio de Defensa está gestionando la compra de China de seis helicópteros multipropósito que se entiende servirán también para ayuda y rescate en situaciones tan extremas como las inundaciones que afectan actualmente a grandes sectores del país.

Un país como el nuestro, que tiene condiciones económicas limitadas, debe tener el debido cuidado de establecer los gastos en armamento, porque, como todos saben existen rubros como educación y salud que son prioridades, posiblemente tal como sucede en Paraguay, donde esos ítemes de atención a la gente, son prioridades y donde seguramente el anuncio de fortalecer y dotar a fortines de ese país de mejores condiciones, no representaría una respuesta al supuesto armamentismo de Bolivia.