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miércoles, 11 de mayo de 2011

puntualiza OPINION la libertad de prensa y el trabajo periodístico recordando las reglas de oro en que debe desenvolverse

Ahora como antes. El periodismo, ahora como antes, debe amplificar voces ciudadanas, interpelar a los que abusan del poder y vigilar que en democracia no surjan ribetes autoritarios.


El Día del Periodista Boliviano, que se ha conmemorado ayer en todo el país, es un buen momento para formularnos reflexiones. Estos días mucho se habla sobre la labor que cumplen los periodistas y sobre la libertad de prensa. Se ha escuchado en actos públicos y en mensajes que emiten las autoridades, sobre el trabajo sacrificado de los periodistas y sobre el respeto a la libertad de prensa.

Nadie podría negar que el trabajo del periodista es sacrificado por las condiciones laborales en las que desarrollan su misión y donde la legislación laboral no se cumple en muchos casos, y es de riesgo, porque un buen periodismo que se ocupa de indagar, de investigar y de llevar la mejor información, la que sirve para la gente y para el bien común, no está exento de peligro. El periodismo complaciente o aquél que sigue los dictados de poderes políticos y económicos no encuentra mayores peligros. No existe Gobierno por muy democrático que sea o que proclame a diario que respeta la libertad de prensa, que no se sienta tentado o que ejercite presiones contra el periodismo libre, siempre está inclinado por un periodismo domesticado y por periodistas condescendientes y por medios de comunicación que muchas veces ceden a la tentación del poder por intereses mezquinos o de otros que asumen una seudo independencia cuando en el fondo sustentan posiciones que más propiamente está encargada a los partidos o agrupaciones ciudadanas de la oposición política. Se ha dicho también que los medios de comunicación social en estos tiempos en que existe una debacle de la oposición política llenan de algún modo estos espacios. Puede ser posible, pero el periodismo no está para ser oposición política ni para ser parte del oficialismo, siempre debe mantener una equidistancia verificable entre ambos extremos, cuando alguno de ellos se aproxima hasta tocar a los medios de comunicación social, la gente comienza a perder credibilidad y confianza.

Es cierto que el periodismo debe colaborar a diario a la consolidación de las libertades democráticas y de los derechos ciudadanos y, por supuesto, debe luchar a diario también en la defensa de la libertad de expresión y de prensa. Cuando observa que estas libertades están siendo conculcadas orienta y asume posiciones. Así lo hizo durante las dictaduras militares y así, consecuente con el principio de la defensa de las libertades ciudadanas, fue un puntal para la recuperación de la democracia.

Está en la conciencia de los bolivianos la lucha de los sectores sociales y obreros, principalmente, para recuperar la democracia hace casi 30 años y al mismo tiempo nadie puede extrañarse que esas luchas fueron acompañadas por el periodismo que, sin convertirse en trinchera, sirvió para impulsar las ideas y los hechos de la recuperación democrática. 

Como en toda época y quizá en otras más que en unas el periodismo siempre está en riesgo. En algunas ocasiones cuando autoridades de Gobierno dicen que respetan la libertad de prensa, los periodistas no les creen porque los actos de esas autoridades no condicen con sus palabras. El periodismo debe seguir trabajando, ahora como antes, para amplificar las voces de los miles de ciudadanos, para interpelar a los poderes que abusan del poder y para vigilar que en democracia no surjan ribetes autoritarios y para evitar cualquier desborde. Pero, también, para evitar que la libertad de prensa se deteriore o retroceda; el periodismo tiene que esforzarse en hacer un periodismo de calidad siendo leales a los principios, a los valores morales y a una capacitación intelectual, es decir, a lo mejor que tiene el periodismo.