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martes, 20 de septiembre de 2011

son 35 días de una marcha larga y penosa no exenta de peligros. el sol y la humedad acechan a los marchistas mientras el MAS agota su arsenal de insultos, intrigas, mentiras y los DDHH dónde están? pregunta LP de La Paz.

¿Por dónde más metemos presión a los marchistas? ¿Cómo detenemos esta marcha que día a día se avecina a la sede del Gobierno? ¿Habrá alguna forma de contenerla? ¿Será que el bloqueo en Yucumo los inhibe? ¿Será que un enfrentamiento empeora las cosas? Son, sin duda, algunas de las preguntas que se deben estar haciendo colonizadores y otras personas que se sienten afectadas o amenazadas por el avance de los originarios del Parque Isiboro Sécure. Políticos, no políticos, también los denominados apolíticos. Por la cabeza de más de una persona, consideraciones de esta índole seguro que han deambulado. Es normal. Por nuestros pensamientos transitan ideas que a veces ni quisiéramos pensar. Pensamientos que las más de las veces son crueles, excesivos y hasta inhumanos. Así es la naturaleza del hombre, dada a la carne, el pecado. Poco se puede hacer para evitar estas reflexiones del consciente o del inconsciente. Lo complejo es cuando ponemos éstas en la práctica, en la vida.
Son 35 días los que los pobladores del TIPNIS han invertido en los caminos de los llanos bolivianos. Días en los que hombres, mujeres y niños requieren hidratarse para contrarrestar el sol y la humedad que los acechan permanentemente. Días en los que el hambre tiene que ser combatida con pan, yuca, arroz, fideo y frutas que se obtienen en el camino. Remedios y diversos tipos de medicamentos también son imprescindibles para emprender esta epopeya; sin embargo, su obtención es más dificultosa. Una camioneta de propiedad de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) que transportaba en su interior estos recursos elementales fue detenida por los colonizadores de la zona cercana a Yucumo, impidiendo que alimentos, agua y otros suministros de primera necesidad lleguen hasta los marchistas.
Hasta en la guerra existen reglas de comportamiento para con el enemigo. Hasta un Prisoner Of War goza del respeto de los derechos humanos que le son inherentes. Entre éstos, una nutrición básica que le permita vivir sin consecuencias. El derecho internacional, a través de la Convención de Ginebra, estipula estas normas mínimas de conducta. Si bien no nos encontramos en un estado de guerra, el comportamiento de algunos ciudadanos en contra de los pueblos originarios del TIPNIS, como en el caso de impedir el abastecimiento de productos de primera necesidad, es como si se estuviera en uno. Si se quiere combatir a los indígenas, ¿por qué no se inicia un combate de propuestas, de soluciones?
El aspecto que se debe recriminar es que, ante la polarización de los criterios concernientes a la construcción de la carretera Villa Tunari–San Ignacio de Moxos a través de las reservas naturales del Parque Isiboro Sécure, se ataca a moxeños, yuracarés, chimanes y otros quitándoles el pan de la boca. ¿Es esto necesario? ¿Es una forma justa de continuar con el diálogo? A todo esto nos preguntamos ¿dónde quedan los derechos humanos de estas personas?