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viernes, 16 de marzo de 2012

Puka Reyes Villa ha tenido la "genial ocurrencia" de comparar a nuestro inefable EM con Abdala Bucaraam que fue echado de la presidencia del Ecuador por incapaz, insanno mental, porque avergonzaba a sus compatriotas con su conducta indecente.



Walter "Puka" Reyesvilla Méndez

aguadoble@yahoo.es

¿Le suena un tal Abdalá Bucaram? Hagamos memoria; este personaje ejerció la presidencia de Ecuador durante seis meses (agosto de 1996-febrero de 1997).

¿Recuerda cómo fue que lo cesaron del cargo? La Constitución ecuatoriana de entonces prescribía la figura de “incapacidad para ejercer el cargo” y el Congreso la aplicó, destituyéndolo por su incapacidad mental para el ejercicio de la más alta magistratura.

¿Qué (no) hizo Bucaram para merecer tal sanción? Pues comportarse como un patán, bromear sobre los asuntos de Estado, hablar estupideces… en suma, avergonzar a los ecuatorianos ante el mundo.

¿No sentía usted una mezcla de vergüenza ajena y conmiseración por el pueblo ecuatoriano cada vez (todos los días, en realidad) que tal engendro abría la boca? ¿No pensaba, como yo, “¡qué había hecho tan noble gente para merecer un imbécil de marca mayor como presidente!”?

Hago esta provocación porque hay quienes juzgan como exageración sostener que gracias a la imbecilidades, tanto verbales como fácticas, cometidas por S.E. y sus muchachos, los bolivianos somos tenidos como bárbaros, por decir lo menos, en el concierto global. Nuestra vergüenza ya no es ajena, sino propia.

Hagamos un ejercicio sobre una hipotética “solución a lo Bucaram” acá en Bolivia. En mi criterio, ésta se enfrentaría con tres obstáculos.

Uno –el más obvio-: En la Constitución masista no está prescrita la suspensión por “incapacidad mental”.

Pero suponiendo que lo estuviera. Dos: el oficialismo aún tiene mayoría en el Congreso, por lo que la propuesta quedaría en el camino.

Tres –el más fuerte-: la solución no sólo tendría que aplicarse a S.E. sino, por lo menos, a la mitad de sus muchachos y muchachas quienes de tanto querer parecerse a él hasta, en algunos casos, lo han superado, como el canciller Choquehuanca con la papalisa-viagra y el tribuno constitucional Cusi con sus fallos obtenidos mediante superchería cocalera.

Convengamos en que, siendo realistas, no se puede. Queda entonces, a manera de consuelo, esperar las elecciones de 2014 y hacerlo a través del voto popular.

Entretanto, adelanto una solicitud al próximo gobierno: que sea serio y que sea en serio. ¿Acaso será mucho pedir?...