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domingo, 9 de diciembre de 2012

imposible callar porque todo tiene un límite. lo ocurrido, este relajamiento cuando funcionarios protegidos por el Poder en toda su extensión hace ver que la corrupción ha superado todo lo imaginable. El Deber, SC


Han sucedido muchos acontecimientos en Bolivia que nos provocan pasmo y angustia, por decir lo menos. Era difícil dar crédito a algunas denuncias que provenían de personas o de colegas de la prensa, porque no se podía comprender, cómo, en un país civilizado, que tuvo un pasado duro pero de mayor respeto a la dignidad de sus ciudadanos, súbitamente, en pocos años, se relaja a extremos que nos producen vergüenza.
Las sospechas primero y luego las certezas de muchas acciones que acontecieron en Bolivia, nos han llevado a una situación en la que es imperdonable guardar silencio. Cuando la nación muestra una cara descompuesta hacia el exterior; cuando internamente se conoce de conspiraciones para derrocar autoridades democráticamente elegidas; cuando se avasalla a la justicia y se opta por elegir a los magistrados por voto popular pero previamente favorecidos por el aval de la Asamblea Legislativa, quiere decir que se ha perdido la rectitud y el derecho. Entonces se debe reconocer que la nación ha entrado en una crisis profunda y que se puede esperar todo.
Hemos visto lo peor, más allá de las evidencias de abuso de poder, hurto o narcotráfico, cuando en las últimas semanas se ha conocido la existencia de una red de funcionarios corruptos, que, bajo el manto protector de cargos en importantes ministerios, se dedican a extorsionar a ciudadanos nacionales y extranjeros de forma inconcebible. Esto ante la mirada ausente de las máximas autoridades nacionales.
Todo tiene un límite y la paciencia de la ciudadanía está demostrándolo con su repudio. Lo ocurrido en especial con un ciudadano norteamericano, inversor según se sabe, a lo que se ha sumado un cadena de denuncias de otras personas afectadas, hace ver que la corrupción ha superado todo lo previsible; lamentablemente cuando desde las máximas esferas de Gobierno se insistía y se hacía gala de una nueva etapa en Bolivia, de cambio, de máxima transparencia. Nada de eso se ha visto y se puede afirmar que la situación en ese aspecto ha empeorado.
El aparato estatal está descompuesto porque desde su seno asoman los peores vicios que castigan a la población. Hablar de recibir justicia es una quimera en estos tiempos, cuando todos temen una acusación infundada, una amenaza velada, o por último un proceso judicial sin ninguna posibilidad de enfrentarlo, porque el poder lo ha decidido así. Es el momento en que el miedo afecta a la ciudadanía y es cuando empiezan a ceder las estructuras del estado de derecho. imp