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miércoles, 26 de febrero de 2014

hermoso título "La Justicia de Hierro" que Karen Arauz aplica al momento actual de la Justicia Bolivia tan venida a menos. cumplir la Ley el máximo ideal de juristas, hombres de Derecho. contiene el texto una consigna destinada a los hombres de Ley "de destruir al Gobierno que intente justicia según el capricho de jueces venales.

La inquietud que a la mayoría le está ocasionando algunos trastornos de sueño, como es usual, no tiene una sola causa. A los bolivianos nos preocupa por ejemplo Venezuela y su libertad. Pero hay algo que sin necesidad de tener nada que ver -ni como sujetos ni como objetos-, en el fondo de nuestra conciencia, sabemos que lo peor que le está sucediendo a nuestra Nación, es la situación de la justicia.
La genialidad ideada con el afán de sobresalir en innovación y originalidad en un empírico cambio catastrófico, posiblemente sea la mayor iniquidad por la que esta administración tendrá que darle cuenta al país y a la historia.
De su desapego a la ley y de convertir a la Constitución Política del Estado en una norma de conveniente elasticidad, existen múltiples ejemplos. Y serán los estudiosos quienes deberán ponerle una cifra a las violaciones en las que incurre el régimen. La falta de declaratoria de Desastre Nacional al Beni y otros territorios sumidos en el horror y la impotencia y la re-reelección de Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera para un tercer período, da la medida de qué tan primordial es el cumplimiento de la ley en sus aspiraciones.
Llevaron a las urnas una terna de "candidatos" escogiendo a personajes algunos de los cuales sólo habían oído hablar de justicia, juicios justos, debido proceso y excentricidades por el estilo en alguna serie de televisión. Llenar los espacios principales del manejo de la justicia mediante una elección "democrática" con absoluta ignorancia por parte de la ciudadanía de por quién se estaba votando, llevó al voto nulo a arrasar en esas elecciones. Con unos porcentajes mínimos, el gobierno se empeñó en posesionarlos. Estos días estamos viviendo situaciones tragicómicas, cuando el mismo Presidente del Tribunal Constitucional, renuncia pero no en serio y no es capaz de mantener ni siquiera su palabra empeñada. Todo ello ha dado como resultado una honda crisis y un descrédito sin parangón en la historia de Bolivia.
La justicia boliviana, nunca ha gozado de gran reputación. Sin embargo, hemos contado por supuesto, con ilustres jurisconsultos que hicieron gala de su apego a la ley y de haber hecho los mejores esfuerzos para aplicar justicia en todo el sentido de la palabra. Del mismo modo, con el sistema anterior -aunque malo- en el cual eran los parlamentarios de diversos partidos políticos los encargados de hacer la elección, había por lo menos, tres o cuatro tendencias que debían convivir. En la actualidad, con este favoritismo y designación arbitraria de la mayoría en la asamblea, han depositado todo arbitrio en los militantes del partido de gobierno, creyendo así haberse garantizado una absoluta sumisión.
La memoria, esa traidora del sueño cuando el sinsabor ronda, trajo de repente un extraordinario libro que escribiera Taylor Caldwell, la autora que le dedicó años a la vida y obra de Marco Tulio Cicerón. La Columna de Hierro evidencia en profundidad quién fue. Místico, orador, filósofo, pero fundamentalmente abogado esencial para Roma como está documentado en las múltiples cartas que escribiera sobre todo a Julio César. Como para todos, hay libros que marcan profundas huellas en el subconsciente y de pronto, sin causa aparente, hacia allá vuela la memoria en auxilio del pensamiento sin rumbo.
La Columna de Hierro es una novela histórica dedicada con mucha profundidad e investigación por diez largos años, a este gran jurista defensor de la constitución y devoto del respeto a las Leyes a las que consideraba lo más noble pues" diferenciaba al hombre de la bestia porque éstas se rigen por el instinto y el hombre es gobernado por las leyes de su espíritu, por lo tanto, es libre".
Esta historia novelada, debería ser de lectura obligatoria para todos aquellos que por vocación, inclinación, tradición o elección, decida poner en sus manos y su discernimiento, el destino, la libertad y la vida misma de las personas. Conozco algunos abogados de intachable conciencia y rectitud, para los que éste, es el infaltable libro de cabecera al que recurren una y otra vez, en pos de reflexión y luz plena de sabiduría.
"El poder y la ley no son sinónimos. La verdad es que con frecuencia se encuentran en irreductible oposición. Hay la Ley de Dios, de la cual proceden todas las leyes equitativas de los hombres y a la cual deben éstos ajustarse si no quieren morir en la opresión, el caos y la desesperación. Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con qué nobles palabras sea empleado o los motivos aducidos cuando se imponga."
"Los hombres de buena voluntad, atentos por tanto a la Ley dictada por Dios, se opondrán a los gobiernos regidos por los hombres y si desean sobrevivir como nación, destruirán al gobierno que intente administrar justicia según el capricho o el poder de jueces venales".
Distribuyan ese texto a los estudiantes de leyes y por supuesto, a los administradores de justicia. La Patria, se los agradecerá.