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miércoles, 12 de febrero de 2014

un solo individuo pone de cabeza todo el sistema judicial. sujeto con permiso para violar todas las normas, procedimientos para peseguir, extorsionar, amedrentar y silenciar a ciudadanos aterrorizados. se refiere El Dia a Marcelo Soza que está poniendo de rodillas a toda la sociedad. qué verguenza!

Qué clase de régimen es el que permite que un solo individuo, de escasa solvencia moral y profesional ponga de cabeza todo el sistema judicial boliviano y lo coloque a la altura del lodo? Es un sujeto al que se le ha dado permiso para violar todas las normas, todos los procedimientos y a quien se le han abierto las puertas del sistema para perseguir, extorsionar, amedrentar y silenciar a una gran cantidad de ciudadanos que no se atreven a levantar cabeza por temor a ser linchados por un régimen que inspira resentimiento y venganza por el delito de pensar distinto.

El empresario y exdirigente político, Zvonko Matkovic, acaba de brindar más detalles sobre el modo de actuar del exfiscal Marcelo Soza, quien estuvo a cargo del proceso judicial por supuesto terrorismo contra 39 imputados y que fue apartado del caso por la vergüenza en la que había puesto al Gobierno y su burdo y chapucero esquema de control político. El exfuncionario del Ministerio Público es ahora el blanco de una querella por extorsión que le han iniciado luego de presentarse una serie de evidencias que lo sindican como el mayor traficante de la justicia que se haya conocido en el país.

Pese a todas las pruebas presentadas, a videos, fotografías, testimonios, grabaciones de audio y documentos de todo tipo, Soza luce intocable en los tribunales, se niega a cumplir las órdenes emitidas por la Fiscalía y parece burlarse de todos los que exigen justicia y claman porque se acabe con esta inmensa patraña que ha tenido a Soza como punta de lanza.

Es lamentable que apenas haya una sola voz que se atreve a denunciar el oprobio mientras el resto se mantiene en silencio, seguramente presa del amedrentamiento de los que digitan cada una de las piezas de este montaje y que seguramente mueven los hilos en los juzgados, en los ministerios y todo el aparato que sigue intacto en esta justicia carcomida por la corrupción. Este es un grave daño que se ocasiona al resto de la población, al impedir que se ejerza la ciudadanía plena, que consiste en reclamar derechos, en exigir autoridades que respeten la democracia y las leyes. Una sociedad sana no se puede dar el lujo de convivir con estos actos de injusticia flagrante, de abuso de poder que se enseñorea, que atropella y que se jacta de su ausencia total de escrúpulos.

Cómo es posible que todos quienes buscan convivir en paz, tengamos al frente a los traidores de la ley de la democracia, a los que se burlan de ella, a los que sufren constantemente las tropelías de los poderosos y nadie se atreva a denunciar por lo menos, a insistir y a recurrir a cuanta instancia esté a la mano. El silencio nunca será una respuesta válida en este caso, pues no se hace más que convalidar una injusticia y convertirse en cómplices de los verdugos. Y cuando hablamos de callar, no solo estamos hablando de quienes han sufrido en carne propia la extorsión, sino de las autoridades políticas y cívicas que tienen el deber y la responsabilidad de salir en defensa de la justicia y las normas.

No vamos a exigirle a estas alturas, que el estado asuma otro rol -aunque nunca es tarde-, cuando en todos estos años se ha dedicado a destruir el tejido social e institucional del país; en este caso es necesario apelar a valor civil de la gente y de sus entidades, a asumir un papel más digno.
Pese a todas las pruebas presentadas, a videos, fotografías, testimonios, grabaciones de audio y documentos de todo tipo, Soza luce intocable en los tribunales, se niega a cumplir las órdenes emitidas por la Fiscalía y parece burlarse de todos los que exigen justicia y claman porque se acabe con esta inmensa patraña que ha tenido a Soza como punta de lanza.