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martes, 11 de febrero de 2014

Valiente. Los Tiempos se atreve a llamar "al pan pan, al vino, vino" Maduro optó conducir hacia el abismo, redobló su apuesta por el desmantelamiento, se desvanecen esperanzas y se viene "el inminente colapso de Venezuela.

Hace algo más de dos semanas, cuando el Presidente venezolano anunció que con su equipo de colaboradores estaba preparando un conjunto de medidas económicas para rectificar el rumbo de la economía hacia el abismo, hubo hasta en los sectores más escépticos un atisbo de esperanza. Se suponía que ante la contundencia de los hechos el heredero de Hugo Chávez terminaría por arriar sus banderas estatistas y optaría por dedicar las pocas fuerzas políticas y las escasas reservas económicas que le quedan para ensayar un giro salvador.
Nada de eso ocurrió. Todo lo contrario, ante el estupor incluso de los sectores menos dogmáticos del chavismo, Maduro optó no sólo por huir hacia adelante, la dirección que hasta en las filas oficialistas se sabe que conduce al abismo y redobló su apuesta hacia el desmantelamiento de los últimos resabios del aparato productivo venezolano, mientras multiplica en la misma proporción el poder de una burocracia civil-militar corrupta y cada vez más autoritaria.
Como era previsible, los resultados de tan enorme desacierto no se han hecho esperar. Las medidas aprobadas durante la última semana de enero, a lo que se sumó la reciente aprobación de la “Ley de costos, ganancias moderadas y precios justos”, no han servido más que para que se desvanezcan las últimas esperanzas en una rectificación del rumbo y el miedo al futuro termine de paralizar la economía.
En tales circunstancias, y cuando recién está en el segundo mes de un año que se perfila aún peor de lo que fue el 2013, ya no parece exagerado el uso de términos como “inminente colapso” que con creciente frecuencia se utiliza para describir lo que a la economía venezolana le depara el futuro.
Las razones en las que se basan los más negativos presagios son muchas y están respaldadas por los instrumentos propios de la economía. Se ha llegado a un punto en el que la frialdad de las cifras es tan elocuente que la aritmética básica ya es suficiente para mostrar lo insalvable de la situación independientemente del punto de vista doctrinario desde el que se la vea, pero lo peor no es eso sino la sorprendente tozudez con que Maduro y el equipo que lo rodea se empeñan en perseverar en el error.
En efecto, las medidas promulgadas ayer mantienen como principal referente la suposición de que la crisis debe ser afrontada en términos bélicos y no económicos. Así, Maduro insiste en su diagnóstico según el que la causa de sus dificultades radica en el desencadenamiento de una “guerra económica” declarada por Estados Unidos y ejecutada por los agentes internacionales del capitalismo con la ayuda de sus “lacayos” del sector privado venezolano entre los que figuran todos los empresarios, banqueros y comerciantes ni alineados con el “chavismo”.
Siendo ese el diagnóstico, no resulta sorprendente que la fórmula aplicada para afrontarlo sea la misma y los términos para presentarla también. Pero lo peor es que son también previsibles sus resultados plasmados en un agravamiento de la crisis económica y una mayor disminución de las libertades económicas y políticas. Y ello, pese a que sigue recibiendo ingentes cantidades de dinero provenientes del petróleo.