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martes, 18 de marzo de 2014

turbulencia. sacudón, sube y baje violento, lo más parecido a un Sunami, es lo que provocó la huída de Soza, su carta de denuncias, el juicio a Ormachea, sus revelaciones. cúmulo de "desgracias que el Vice minimiza" peleas entre delincuentes...refiriéndose al Caso Rózsa. Karen, excelente!


TURBULENCIA EN LA CÚSPIDE

Karen Arauz

Nunca sabes con quién te casas hasta que te divorcias reza el refrán. Es claro que está referido a que es en las malas cuando la gente luce sus verdaderos colores y a estas horas hasta los camaleones están adquiriendo un solo color. El de hormiga parda.
Con seguridad que la semana anterior, pasará  a los anales del MOVIMIENTO AL SOCIALISMO, como su hora más negra, mas, aparentemente no será la única. Claro que eso depende del cristal con que se lo mire.  A juzgar por las reacciones de los oficialistas, empezando por Evo Morales y terminando en sujetos como Tupa, es claro que el poder les ha afectado -además-  y su daltonismo les hace ver todo sólo como ellos quisieran que parezca.
Pero como la mayoría no tenemos poder ni para ser dueños del control remoto de la televisión, gozamos de una muy buena visión y conocemos los colores verdaderos.  Lo que ha pasado con la fuga del ex-súper y mimado Fiscal Soza -y vaya mala coincidencia- y el juicio al también consentido zar de la oficina anti-corrupción de la Policía Boliviana donde se ha develado una grabación que pone toda la carne al asador, hace que  éstos sean, probablemente, los mayores escándalos tanto durante  la República como del novísimo Estado Plurinacional.
Las narco-fotos, el narco- avión- visas chinas- entre varios otros de similar calibre, y  que supusimos era lo más grave que nos pasaría en materia de escándalo, se ven reducidos a nivel de anecdotario comparado con lo presente. El facilismo al que recurre el oficialismo para tratar en vano intento de descalificar ambos despliegues de trapitos al sol, no hace más que ensanchar el boquete que estos dos torpedos han ocasionado en la línea de flotación del gobierno masista.
Es indudable que su retórica muy bien aprendida y con los oídos repletos de los consejos de los expertos en temas de tergiversación como son los cubanos, seremos testigos de esfuerzos  multiplicados en dádivas para hacer que bajen los decibeles.  Con decir que Soza es un delincuente confeso porque salió del país en vez de quedarse y afrontar las consecuencias de sus actos, es igual a abrir el paraguas para cruzar un río.  El agua está en todas partes y no es precisamente del cielo de donde cae.  Por supuesto que es un maleante. Pero ya lo era cuando no existía puerta grande a la que no se le franqueara la entrada.
Hasta su manera de caminar balanceándose, las gafas de sol que usaba, sus guardias rodeándolo a toda hora y sus aseveraciones contundentes, no dejaba dudas.  Era muy poderoso porque para nadie fue un secreto que los poderosos así lo decidieron. Tan es así, que incluso tuvo como abogado a otro mal inclinado de poca monta, que fungía de su representante en cuanto a recolectar los fondos del cohecho se trataba. Pero esta actividad rampante, incluido el despliegue mediático que lo rodeaba como en su época a Al Capone, no es atribuible a sus magníficas dotes de un Fiscal temido por todos por su severidad y apego a las leyes.  Sólo era temido por los perseguidos y maltratados sospechosos de una conspiración propia de una novela de Edgar Alan Poe. Es que si siendo oscuro y se tiene todo el poder de respaldo, además, con semejante carencia de escrúpulos, es lógico que coadyuvara en la neutralización de los opositores del oriente.
Coincidimos con los oficialistas en que Soza y Ormachea son dos facinerosos. Pero ellos deberían coincidir con nosotros, en que ellos los criaron y los alimentaron de cinismo y atropellos.
No mucho menos se puede decir de Fabricio Ormachea.  Es que en el afán de que las cosas salgan de la mejor manera posible, no se repara en detalles. Lo que se exige son resultados y eso acarrea desprolijidades. Es que hay que darse el tiempo necesario para saber a quién se le está encomendando las faenas impenetrables. El problema radica en que es lógico que la gente cuando oye que el rio suena, sabe que algo trae. No es por nada que sobre todo los afanes de la política, son presa de rumores. Y si aparece alguien a quien se sabe muy bien enterado porque para eso ha sido entrenado, las cosas empeoran. Y que alguien le guarde a uno los secretos ad-eternum  cuando hay tanto de por medio,  es un delirio de soberbia.
Qué impactante sería, que los presuntos implicados dieran un paso al costado y exigieran que se lleve a cabo una investigación severa, incorruptible e inmediata.  Porque salir de las casillas, despotricando y llenando de improperios a ambos ídolos caídos, sólo los vuelve más vulnerables a la suspicacia de la población que suele desconfiar de aquellos que pierden la compostura con argumentos inadmisibles.
Por los síntomas,  es claro que eso no sucederá. Por lo que la re edición de triunfo en la re re elección, empieza a tomar el cariz de una quimera.  Y ojalá sólo se tratara de eso. Esta bola de nieve que ha empezado su desenfrenado camino colina abajo, no sólo ha puesto en entredicho el control y la idoneidad del gobierno, sino su viabilidad.
Karen Arauz