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domingo, 4 de mayo de 2014

título contundente. "la estafa política" rubrica Susana Seleme a los 9 años de Evo, Alvaro y los demás. consumados estafadores politicos que se treparon al carro de la historia. se apropiaron del Estado. populista vociferante. resisten los embates, pero, hasta cuándo?

A nueve años de vida del proceso de cambio que pregonaban Evo Morales, Álvaro García Linera y demás, ¿quiénes son hoy? Consumados estafadores políticos que se treparon al carro de la historia, vía elecciones democráticas, para mostrar muy luego la naturaleza de su proyecto político: la apropiación del Estado y las riquezas generadas en el país como si fueran su propiedad privada. Fue el proyecto del ‘socialismo del siglo XXI’, sin alternancia en el poder, mecido por el difunto Hugo Chávez y la izquierda mundial de impulsos antidemocráticos.

Si en 2006 hubo alguna esperanza razonable sobre Morales como presidente democrático, pronto desnudó su ser social sindicalista cocalero que devino en populista vociferante con el hoy olvidado lema indígena-originario-campesino en el plano sociopolítico. En el económico, no cambió el patrón ‘extractivista’ de minerales e hidrocarburos, sin industrialización ni valor agregado. Los altos precios de esas materias primas crean el espejismo de una macroeconomía sustentable, mientras la ‘micro’ se nutre de la informalidad en la esfera comercial, merced al contrabando, el narcotráfico y el blanqueo de capitales ilegales. 

A los llamados informales, entre 70 y 75% de la Población Económicamente Activa no les llegó el doble aguinaldo de 2013, ni les llegará el actual incremento salarial del 10%. A su vez, todo el sector público adolece de ineficiencia, baja productividad y escasa calificación del empleo y trabajadores.

El ejercicio del poder omnímodo produjo a todos hinchazón política traducida en el enfermizo asalto a la razón democrática, a la institucionalidad de los poderes Judicial, Electoral y militar. Hinchazón plagada de imposturas, con podrido olor a corrupción, de ahí los ‘pluri nuevos ricos’, que ni la propaganda oficial, como arte de la mentira, puede tapar. Es la megacorrupción en el poder, mientras Morales y los suyos creen ser la encarnación de una única institución: Estado-gobierno-partido único-pueblo, como los totalitarismos conocidos.

La hinchazón del poder impide que hasta ahora el régimen se bambolee, aunque las ‘comiditas’ en BoA, vía tráfico de influencias, le han dado duro, al menos al ‘vice’. ¿Lo golpeará la millonaria estafa de las barcazas, el satélite, la insubordinación de sectores de las FFAA que el régimen politizó o el asalto a la institucionalidad de cooperativistas, cocaleros y afines, amén del narcotráfico y el contrabando? ¿O por eso Morales solo tiene 38% de intención de voto? ¿Remontará con la politizada y electoralista reivindicación marítima?