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martes, 14 de octubre de 2014

inversores temen a la seguridad jurídica. resulta entonces que no hay inversión. las reservas están menguadas y YPFB. la exploración de nuevos yacimientos mediante "el satélite chino" no se ven, el aparato está perdido en el espacio. Valioso texto de Carlos Miranda el petrolero que bien conoce la materia.

Se incurrirá a otro gran atraso si después de 20 años de contrato de venta de gas a Brasil, del cual hemos obtenido ingentes ingresos, no se logra la transformación productiva del país. Al nuevo Gobierno tan solo le quedan cinco años para este cometido.
En una poco frecuente serie de coincidencias en el lapso de una semana, el electorado boliviano y el brasileño concurren a las urnas para elegir sus nuevos Gobiernos. El contrato de venta de gas natural al Brasil (YPFB-Petrobras-GSA) concluye el 2019, fecha en la que también fenecen las funciones de los Gobiernos que están siendo elegidos. YPFB y Petrobras empezarán las negociaciones de un nuevo contrato que debe ser aprobado por estos nuevos Gobiernos. Por eso los acuerdos a los que lleguen son de gran importancia para el futuro de nuestro gas y en menor grado también para el Brasil.
Ahí terminan las coincidencias. El clima para la negociación del futuro contrato será diferente del que se tuvo al negociar el actual. Entonces Brasil necesitaba con urgencia nuestro gas para solucionar sus problemas de contaminación ambiental.
Nosotros precisábamos un comprador de esa envergadura para impulsar el desarrollo de nuestra industria. En síntesis, el 1990,  Brasil necesitaba de Bolivia más que nosotros del Brasil.
Para el 2019, podrían invertirse los papeles si los ingresos por exportación de gas a Brasil continúan siendo el mayor soporte de la economía nacional. En cambio para Brasil la forma y tiempo que adquiera más gas boliviano dependerá de los resultados en sus yacimientos PreSal  y de los descubrimientos que hagan en áreas en tierra firme que están siendo exploradas para gas.
En esa futura negociación los criterios de los presidentes electos serán fundamentales. En el Brasil, lo anterior se aplica a cualquiera de los candidatos que salga elegido en la 2ª vuelta que exige la ley de ese país. En nuestro caso,  la reelección del actual primer mandatario a un tercer periodo se la da por descontada. Su reelección es tan popular, que la prensa nos informa que más de 300 muertos del Cementerio General han logrado que admitan sus trámites para votar pasado mañana.  Inclusive uno de ellos será Jurado Electoral.
El lograr el 2019 el total de las condiciones favorables del actual contrato, constituye un problema serio para nosotros. Por la falta de exploración no hemos podido aumentar nuestras menguantes reservas. Por tanto, es posible que no tengamos suficiente gas para garantizar un contrato que nos brinde un flujo de ingresos como los que necesitamos.
Gobierno y YPFB han tratado de atraer inversión hacia el sector. El resultado ha sido totalmente negativo. Los posibles futuros inversores tienen observaciones muy serias a la Ley de Hidrocarburos y a otros instrumentos legales que reglamentan el sector, como ser el trato a los pueblos originarios y regulaciones al medio ambiente. Además, por incidentes en otros sectores, el inversor extranjero teme a la inseguridad jurídica boliviana. El resultado neto es que desde 2006 no se ha tenido una inversión privada directa en el sector hidrocarburos.
Tenemos un satélite para colaborar en exploración de hidrocarburos. No se sabe si está realizando esas labores. Los pesimistas indican que se ha perdido en el espacio. Los optimistas que el silencio es sólo materia de idioma. El satélite obedece instrucciones en inglés con acento chino y no en inglés con acento latinoamericano.
Por lo anterior y muchas otras razones similares, las labores del próximo Gobierno serán arduas. Estamos atrasados al no contar con una capacidad adicional de producción de gas para un contrato como el que se va a extinguir el 2019. Terrible error porque los recursos naturales existen pero por falta de condiciones adecuadas para exploración continuarán ignorados.
Se incurrirá a otro gran atraso si después de 20 años de contrato de venta de gas a Brasil, del cual hemos obtenido ingentes ingresos, no se logra la transformación productiva del país. Al nuevo Gobierno tan solo le quedan cinco años para este cometido.
El autor es ingeniero petrolero.