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jueves, 10 de diciembre de 2015

cerró sus ojos para siempre. líder trascendental, pastor al lado de humildes, contra el abuso del poder, dijo siempre la verdad. alegre, cariñoso, con el Evangelio a cuestas, frente a las dictaduras,junto a mineros y trabajadores, humanista el primer Cardenal Julio nos ha dejado

Ha cerrado los ojos para siempre el cardenal Julio Terrazas, uno de los líderes más trascendentales de la democracia boliviana. Un pastor que estuvo siempre al lado de los más humildes, un cruceño que fue el mayor orgullo de nuestra tierra, un hombre de ley y de esperanza.



Quizás uno de los mayores legados haya sido su vocación militante contra los abusos del poder. Del poder en todas sus formas y colores. Al cardenal Julio no le temblaba la voz para decir la verdad y apuntar a quienes atropellaban los derechos de los desposeídos, de los olvidados, de los privados de libertad y de los perseguidos.
Este vallegrandino alegre y cariñoso recorrió los cuatro puntos cardinales de este país con el Evangelio en las venas, compartiendo el mensaje de un Jesucristo humano que, como dice el papa Francisco, huele a oveja, no a escritorio cómodo ni burocrático.

Terrazas fue, en ese sentido, la expresión de una Iglesia realmente comprometida con el servicio a los demás, sin cortapisas ni reparos, sin cálculos egoístas, por el solo hecho de amar al prójimo hasta las últimas consecuencias. 
En los años 70 se enfrentó con valentía a las dictaduras militares. En democracia, trabajó junto con los mineros, se puso del lado de los trabajadores y bregó sin pausa por el diálogo y la reconciliación entre todos los bolivianos. Con valentía se jugó por la autonomía de su querido departamento y luchó abiertamente contra todo autoritarismo.

Don Julio vivió como pensaba, coherente con ese mensaje cristiano más primitivo. Aquel que llamaba a proclamar la buena nueva de un Dios amoroso, que perdona los pecados de una humanidad dominada por el individualismo, el materialismo y la sed de poder.

El primer cardenal de origen boliviano nos deja, en este sentido, un legado humanista inconmensurable. La senda de un país que se puede pensar en función de todos sus integrantes y del sentido trascendental del ser humano en su relación con lo divino.
Premio Libertad por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) y Personaje del Año de EL DEBER en 2012, Julio Terrazas fue un defensor acérrimo de la libertad de expresión y de los derechos humanos. Pero los galardones no alcanzaron para reconocer la enorme siembra que había hecho, no solo en la Iglesia católica – su madre -, sino en toda la sociedad universal. 

Gracias cardenal Julio por tanta obra, gracias por tantas enseñanzas. 
Dios tenga en la gloria a su seguro servidor. Paz en la tumba de un ser humano irreemplazable. Vivirá en el corazón de todos los bolivianos