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lunes, 18 de enero de 2016

se trata de la cocaína y del petróleo. el segundo poco a poco irá desapareciendo por acuerdo de las naciones que ver el peligro de seguir quemándolo, mientras los riesgos del cambio climático arrecian, la droga en cambio no desaparecerá tan fácilmente, se introduce matando cuerpos y almas,aunque parezca increíble. Humberto Vacaflor.

En 1860 aparecieron dos estrellas destinadas a cambiar el mundo: el petróleo y la cocaína. Ahora, el petróleo está en retirada, condenado por un tardío impulso de salvar el planeta. La cocaína, en cambio, sigue intacta.
Fue en Pennsylvania, Estados Unidos, que nació la industria petrolera, la del oro negro. Sobre la industria de la cocaína hay una controversia: algunos autores dicen que la separación y hallazgo de la diosa blanca fue en París, pero Sandro Calvani sostiene que fue en la botica Boliviana, de propiedad de un italiano, en la calle Ayacucho de La Paz.
Lo cierto es que estas dos estrellas, el oro negro y la diosa blanca, dominaron el mundo pero una de ellas se está jubilando. La otra, la cocaína, goza de muy buena salud y ha creado una transnacional más poderosa que la OPEP.
Dice un informe del exministro ruso de economía, Herman Gref, que China Popular avanza en la investigación científica para reducir en 45% su consumo de petróleo y gas, que serían reemplazados por formas menos dañinas de energía.
Las importaciones de petróleo que hizo China en diciembre marcaron un récord histórico: 7,8 millones de barriles por día, para llenar sus reservas estratégicas. Pero pronto, el segundo mayor consumidor de petróleo del planeta comenzará a demandar cada vez menos petróleo y gas natural.
La industria petrolera mundial ha advertido este fin de ciclo y las inversiones en exploración que fueron congeladas en los últimos meses hubieran sumado 380.000 millones de dólares.
Todos los países del mundo suscribieron en París el acuerdo para eliminar el uso de los combustibles de origen fósil en treinta años a partir de ahora.
Nuestros vecinos, comenzando por los países que compran el gas boliviano, también han suscrito ese documento. Sólo el presidente Evo Morales no lo firmó, porque creyó que la reunión de París era para condenar al capitalismo. En vista de que los mayores capitalistas del mundo estaban haciendo millonarias donaciones para la causa de la salud del planeta, nuestro presidente hizo mutis por el foro.
Ahora, los países que viven de vender petróleo o gas saben que ese negocio se acabó. Quizá el contrato que firme Bolivia con Brasil para otros veinte años de compra-venta de gas sea el último.
El petróleo descansará en paz en los recónditos escondrijos que tiene en la geología o en las rocas de esquisto. R.I.P.