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miércoles, 17 de febrero de 2016

que los observadores internacionales "dejen la molicie de los hoteles de lujo" y trabajen. acudan a los sitios apartados donde votarán los bolivianos, para detectar, impedir y en su caso denunciar atropellos contra el derecho de votar. El Deber, SC

El Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) ha invitado para que sigan el desarrollo del referéndum del 21 de febrero a la Organización de Estados Americanos (OEA), Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Se espera también la presencia de otros entes y personalidades internacionales. 

El propio partido oficialista, el MAS, intenta alterar la Constitución Política del Estado que impuso (y refrendó luego con el voto popular) solo a los fines de la permanencia en el poder de Evo Morales luego de cumplir su tercer mandato en 2020. Por ahora las encuestas marcan un final incierto. Ello es notable si tomamos en cuenta que la administración maneja caprichosamente fondos públicos y medios al amparo de la falta de firmeza del TSE para imponer sanciones. Que el No lleve algo de ventaja reviste relevancia, dado que no hay una oposición única ni hubo tampoco una campaña única, al contrario del “caballo del corregidor”, corcel electoral que ha contado con todas las prebendas y medios posibles que tiene en abundancia a través de las arcas estatales.

Viene ahora el rol de los observadores extranjeros, personajes que muchas veces llegan acá solo para pasear, se alojan en hoteles cinco estrellas, creen que con hacer un breve recorrido el día de los comicios y un no menos breve informe final han ‘cumplido’ y cobran sus buenos viáticos. Eso no queremos ahora, pues se juega el futuro del país. Deseamos que esta vez los invitados sean verdaderos observadores, no meros espectadores, como ha venido sucediendo en el pasado. Queremos, además, saber si permanecerán en áreas urbanas o si se tomarán el esfuerzo de recorrer territorios rurales, sobre todo en aquellos lugares donde es más posible el surgimiento de irregularidades. Habrá que ver finalmente si estos observadores recalan en Chapare, zona declarada ‘exclusiva’ del Gobierno, ya que el jefe del Estado es a su vez presidente de las cinco federaciones productoras de hojas de coca del trópico cochabambino. 

Chapare es parte integral del territorio nacional, no es feudo de nadie en particular. Los observadores tienen la obligación de ir tanto allí como a otras zonas alejadas para constatar que el proceso marche bien. Es agradable quedarse en las ciudades, pero esta vez urge que vayan al campo y con su presencia eviten potenciales maniobras de ‘voto dirigido’. Cada voto importa en un referéndum de esta naturaleza. Los observadores extranjeros esta vez tendrán que dejar de lado su molicie burguesa y trabajar en serio. Así lo esperamos