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viernes, 19 de febrero de 2016

crónica bastante completa de OPINION sobre la masacre municipal. pésima actuación de José Pena, le cuesta el cargo, que Evo nombró nuevo Comandante. hubo politización, resquemor policial que dejó sin protección a funcionarios que perdieron la vida, casi 30 otros están heridos. lección muy dura para los uniformados, se repite lo de Chaparina.

A las 09.15 del último miércoles, padres de familia, estudiantes, dirigentes de algunas organizaciones sociales de la Central Obrera Regional y de la Federación de Gremiales llegaron a la puerta de la Alcaldía de El Alto. Gritaban por obras para las unidades educativas. Un grupo comenzó a arrojar piedras contra el inmueble. Eran jóvenes armados con palos que al final lograron ingresar al lugar a las 10.45 mientras eran aplaudidos por los manifestantes padres de familia. Del otro lado, los funcionarios ediles se protegieron colocando muebles para evitar que los agresores ingresaran. El primer sitio en ser atacado fue la oficina Sumariante, de donde sacaron documentos, computadoras y muebles. Luego llegaron a la Unidad del Programa Escuelas Dignas. En ambos ambientes y en la puerta principal prendieron fogatas con los materiales que fueron saqueados, las que terminaron ocasionando grandes cantidades de humo que asfixiaron a seis funcionarios ediles en el baño del primer piso, donde no contaban con la ventilación suficiente para mantenerse escondidos por mucho tiempo.

A pesar de tener una unidad a cuadra y media, la Policía tardó en llegar. Hay quienes hablan de mediodía. Se supo por la alcaldesa Soledad Chapetón que en el inmueble se encontraban documentos que comprometen a exautoridades vinculadas al MAS.

Está claro que varias personas tendrán que responder ante la justicia por sus actos ese día, empezando por el coronel José Peña, pasando por jefes de los funcionarios ediles como el director de Talento Humano, Marcelo Plata, terminando en los jóvenes que incendiaron objetos en la puerta del inmueble, entre otros. 

El coronel José Peña, comandante de la Policía de El Alto, indicó a los medios que no le pareció “correcto” hacer uso de agentes químicos “en estas circunstancias, cuando hay conflictos de toda naturaleza y especialmente que puede crear algún tipo de conflicto político”. 

Semejante respuesta, más propia de un político que de un jefe policial, demuestra que no solo hay politización en filas policiales, sino que los jefes de los uniformados han perdido el rumbo del trabajo que debieran cumplir en la sociedad, porque están más pendientes de aquello que pueda afectar o no políticamente al Gobierno de turno. 

A pesar de que se espera que en la investigación no primen intereses políticos ni se contaminen las pruebas, las primeras declaraciones del viceministro de Régimen Interior, Marcelo Elío, muestran que no será así porque de entrada ya dijo que se trató de un “autoatentado”, mientras el ministro de Gobierno, Carlos Romero, aseguró que la Policía actuó oportunamente para evitar "una tragedia mayor”. Ambas declaraciones son una señal de que la indagación está arrancando mal. 

Resulta preocupante que la Policía se dedique a actuar al calor de tendencias políticas que claramente son contrarias en El Alto a la gestión de la actual Alcaldesa y no vele, más bien, por la seguridad de las y los ciudadanos de esa urbe. En esto, el Gobierno, mediante su respectivo Ministerio de Gobierno, tiene cuota de culpa por cuanto quien se ha dedicado a politizar las filas de la institución del orden son las autoridades que utilizan desde hace tiempo a los policías a su gusto y esto ya fue visto en la ciudad de La Paz, donde ante manifestaciones contrarias al actual Alcalde los uniformados suelen brillar por su ausencia.

Los políticos no pueden seguir jugando con la seguridad de la gente mediante su gestión sobre la Policía. Esta no es un bastión de ningún partido y no ha sido creada para dar seguridad únicamente a autoridades en desmedro de la población como ocurrió el miércoles en que un grupo importante de uniformados se encontraba en un acto proselitista del Presidente.