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miércoles, 1 de junio de 2016

El Deber se refiere a relaciones poco menos que congeladas con tres países de vital importancia para Bolivia. Brasil, Chile y Estados UNIDOS. La preocupación se deriva de declaraciones de Choquehuanca al propio diario mayor. mediterráneo, sin acceso directo a los grandes mercados e industrialmente débil Bolivia necesita marcar el paso con todos, sin excepción.

Llamativas y preocupantes resultaron las declaraciones del canciller David Choquehuanca sobre las alicaídas relaciones con Estados Unidos, Brasil y Chile, tres países clave de la región y fundamentales para nuestra vinculación con el mundo. Como si se tratara de un castillo de arena, las aguas turbulentas de las relaciones internacionales parecen afectar los altos intereses de Bolivia, en un momento en que –más que conflictos– se requiere abrir espacios en los mercados internacionales para contrarrestar los embates del bajón económico.

Durante una extensa entrevista con EL DEBER, Choquehuanca reveló que el presidente Evo Morales no tendrá la esperada entrevista con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debido –en gran medida– a los desvaríos de una política marcada más por la ideología ‘antiimperialista’ que por impulsar la construcción de puentes con la principal economía del mundo. Situación igualmente preocupante se da, ahora, con las nuevas autoridades constitucionales de Brasil. José Serra, actual canciller brasileño, había apuntado en su momento sus lanzas contra la laxitud en la política boliviana hacia el narcotráfico y por los efectos de la exportación de cocaína desde Bolivia a los mercados brasileños. Peor escenario se da con Santiago de Chile, cuyas relaciones están totalmente congeladas debido a la demanda marítima interpuesta por el país ante el Tribunal Internacional de La Haya y por las continuas acusaciones –de uno y de otro lado de la frontera– por el conflicto abierto entre ambos países.

¿Quién pierde con tantas relaciones congeladas? Le importará tanto a Washington, Brasilia o Santiago la política ‘confrontacional’ del Gobierno de Morales y sus efectos sobre las relaciones comerciales con nuestro país.

No cabe duda de que con esta deficiente política exterior pierde el país más que los vecinos de la región y que se impone un replanteo frente a tanto desvarío. Bolivia debe tener una política firme y soberana con relación a sus intereses en el escenario internacional. Pero los resultados están a la vista y no es posible vincularse con otros países sobre la base del prejuicio ideológico y el cálculo corto de miras sobre nuestra relación con el mundo.

Ojalá las autoridades de la Cancillería pudieran ver esta difícil realidad, mucho más para un país que aún sufre por su situación de mediterraneidad, su dificultad para acceder a los mercados internacionales y su débil aparato industrial para competir en el exterior