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domingo, 7 de agosto de 2016

resulta que García Linera "sofista como es" pretende desfigurar los hechos y minimizar la corrupción. Carlos Valverde, con claros ejemplos desbarata el intento vicepresidencial y pone las cosas en su sitio.

¡¡¡Mirá vos!!! el vicepresidente García aseguró en No mentirás: “En Bolivia han desaparecido los casos de megacorrupción de presidentes que se llevaban a sus casas 20 millones de dólares al año de los gastos reservados, eso desapareció”. Es cínico esto de creer que solo vendría a ser corrupción lo que “se llevaban los presidentes” (los del pasado) como si el asunto fuera: Evo vs. los otros, cuando da la impresión de que, si se le pide a don Evo que explique el incremento de su patrimonio personal o que rinda cuentas sobre su estilo de vida y los gastos tan variados, nos encontraremos con que probablemente no sea capaz de explicarlo.

Sobre “los que se fueron”, para seguir la lógica del vicepresidente, recuerdo que hace 10 años que el MAS está en el Gobierno manejando el país como si fuera de ellos, con los poderes constitucionales sometidos al poder político y nunca iniciaron una investigación seria acerca de “cuánto se llevaron los presidentes anteriores”, de manera que no es posible de comparar la impresión personal “con nada”. Estigmatizar a los expresidentes con el “dicen que se llevó hasta el agua de los floreros” no aporta a nada, sin que ello signifique que, personalmente, crea que los que se fueron sean impolutos, pero, ante la falta de acción desde el Estado, supongo que habrá que esperar que se los investigue.

Lo grave de esto es la vaciedad del análisis porque asegurar que “todavía tenemos las microcorrupciones y nos erosiona moralmente”, como si los sobreprecios (planta separadora de Río Grande -con muerto incluido-, Fondioc, barcazas chinas, motores TAM) o la inutilidad de las mismas (San Buenaventura, Bulo Bulo, Enatex, Papelbol, Aeropuerto Chimoré, Mutún) o las que juntan sobreprecio y mala calidad (carreteras y puentes) fueran un asunto de ‘erosión moral’ y no daño al Estado, y no sumaran grandes cantidades de dinero. Esto no es un asunto ‘de daño moral’, eso es corrupción, de manera que, aun suponiendo que el presidente Morales no participe de los mismos, queda claro que su investidura lo hace responsable de la gestión y de los hechos de corrupción que son imputados al Gobierno. Consecuentemente, no se puede hablar de corrupción como si la misma fuera un asunto de ‘erosiones morales’ o de monedas que cayeron al pasar.

Relacionarse políticamente con la Justicia, la Contraloría, la Policía, la Fiscalía General del Estado, no como si fueran instituciones del Estado sino ‘apéndices del poder Ejecutivo’, es también corromper la estructura del Estado y creo que está más que claro que esto no hace más que desmejorar la calidad de la Institucionalidad democrática