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jueves, 16 de marzo de 2017

Erika Brockmann ofrece su relato en torno a la masacre de El Porvenir, apegada a los hechos históricos refiere lo sucedido el 11 de septiembre del 2008, este testimonio debemos conservarlo porque lo que ocurrió estaba anunciado por el Gobierno de Morales que tiñó sus manos de sangre en este episodio negro que tendrá que ser esclarecido.

La muerte de Pedro Oshiro, funcionario de la Prefectura y primera víctima de ese trágico 11 de septiembre de 2008, gatillaría la violencia de Pando, sellando el destino de Leopoldo Fernández. El prefecto ya estaba en la mira. Evo Morales no podía perdonar a quien desvelara públicamente haber agradecido, pero rechazado, la invitación que le hiciera para sumarse al ‘proceso de cambio’.

Desde los micrófonos de una emisora, recuerdo a Fernández suplicar a vecinos y a seguidores replegarse a sus casas y no sumarse a la violencia. Las fuerzas del orden no intervendrían pese a su desesperado pedido de auxilio. En Pando, en esa suerte de ‘far west’ boliviano, ganaron la bronca, la venganza, el racismo y las tensiones latentes en torno a un conflicto que confrontaba al primer Gobierno de Morales con la dirigencia de la media luna, mayoritariamente opositora. Pero, ante todo, ganó el frío cálculo de quien, al disparar contra la humanidad de Oshiro, sabía que provocaría la previsible reacción de un adversario temeroso del retorno del fantasma de la masacre de Terebinto en ese clima de máxima polarización. Operaciones de guerra y sicológicas, claves en la estrategia de reposicionamiento del Gobierno en una parte del país rebelde por autonomista, no por separatista. Pando era el eslabón más débil. 

Según César Brie, autor del documental Tahuamanu, morir en Pando, contrariamente a la información que le dieran fuentes oficiales, pudo constatarse la tenencia de armas en filas de los campesinos e indígenas marchistas, cuya mayoría asumía ser parte de una manifestación pacífica. Eso no se investigó. En octubre de 2013, Brie informaba que la abogada acusadora de Fernández optó por dejar de lado la prueba de la existencia de armas en filas indígenas a fin de no derrumbar los argumentos de su defensa. También lamentaba que instancias de derechos humanos lo hiciera, aunque años después reconocerían los excesos de un juicio ciego a preceptos del debido proceso. También se archivó el informe del perito forense argentino Brailovsky, el cual cuestionaba la seriedad del informe forense certeramente utilizado para precipitar la aprehensión de Fernández. 

¿Cuándo se sabrá la verdad histórica de los hechos en este y otros casos? Para muchos, nunca, o algún lejano día, de mediar la acción de tribunales internacionales. Fue de tal magnitud la manipulación de pruebas que la verdad ha sido sepultada. Y es que, mientras el sistema de justicia esté bajo sospecha y la judicialización de la política sea un hecho comprobable, correrán muchas versiones bajo el puente de infamias tejidas desde el poder y de la impotencia ‘del no poder’ acceder a un juicio justo. Frente a tantos relatos sobre lo ocurrido en Porvenir, me tomo la libertad de dar el mío