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miércoles, 31 de mayo de 2017

con vigorosa energía Gastón Cornejo se rebela y plantea desde la ética más elemental consideraciones sobre "el acto médico" que los autores del Reglamento de Control del Sistema Nacional de Salud" no tomaron en cuenta porque se trata de una indigna, penalizadora y estúpida reclamentación.


EL SAGRADO ACTO MÉDICO ANTE EL ZARPAZO POLÍTICO

Para los profanos en medicina emito respetuosamente algunas premisas fundamentales. La medicina ha sido, es y será siempre un apostolado de bien, una entrega total al servicio del ser humano universal. La Superintendencia que pretende aprobar el gobierno boliviano es absolutamente inaceptable.

 El “Acto médico” es un proceso de alta complejidad científica, tecnológica, jurídica, humanista, ética, social y antropológica. Para su  vigencia se requieren conocimientos de vanguardia asumidos por profesionales en continua formación. Su práctica responde a protocolos basados en evidencias y en métodos científicos. (Situación totalmente ausente en la medicina tradicional). Requiere de equipamientos y medios diagnósticos precisos; de terapéuticas que van desde el simple consejo a la más alta elaboración profesional. Conlleva la humanización absoluta de los prestadores de salud que priorizan la dignidad del ser humano sobre toda consideración comercial.

Para que el “Acto Médico” sea eficiente debe ser realizado dentro de una organización nacional descollante en honestidad, compromiso, responsabilidad y sobre todo de eficiencia, capacidad e idoneidad; principios evaluados por salubristas y administradores responsables, libres de toda contaminación política partidaria.

Esa organización sin inscripción partidaria se llamará Servicio Nacional de Salud, SNS, a cuyo cargo estará la responsabilidad de la fiscalización y el control de toda la problemática. Institución autónoma, relacionada con otros entes gestores de salud como las universidades y el Colegio Médico Nacional (Libres a su vez de la injerencia política partidaria y redimida de ministros improvisados, arbitrarios y además ignaros).

Tal sistema existió en Chile y Uruguay antes de la comercialización contemporánea, en la que el rol del gobierno se limitaba al correcto financiamiento y el respeto a los criterios técnicos y la meritocracia.

 

A la luz de todos los ripios del poder político descubiertos diariamente (prepotencia, nepotismo, corrupción, incapacidad) es preciso organizar revolucionariamente este SNS técnico, autónomo y apolítico que permita cumplir con la CPE.

El “Reglamento de la Autoridad de Fiscalización y Control del Sistema Nacional de Salud” es un zarpazo político partidario rebatible en todos sus articulados. Es una ofensa a la sacralidad del “Acto Médico”,  a la honorabilidad de los profesionales de la salud y al pueblo en su dignidad. So pretexto de proteger derechos, penaliza el acto médico e interviene partidariamente en todos los servicios, públicos y privados; además, crea una burocracia política de zánganos en favor de intereses deshonestos.

Primero la Ley de Salud antes que decretos absurdos. Una sola medida puede reemplazar los ampulosos 22 artículos contrarios a la CPE y al respeto ciudadano, es crear mediante ley “Los Comités de Bioética institucionales” donde la participación ciudadana y el control social previenen la mala práctica y la judicialización.

Los proyectistas de esta indigna, penalizadora y estúpida reglamentación debieran cursar algunos estudios elementales de Bioética.  Más bien, importa crear una Superintendencia de Ministerios para fiscalizar y controlar el “Acto Político” para evitar la mala práctica y la corrupción.

 

Gastón Cornejo Bascopé

Ex Senador de Bolivia

Cochabamba 27 de mayo de 2017