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lunes, 5 de marzo de 2007

Droga y hojas de coca

Durante mucho tiempo no hemos dejado de reflexionar sobre el verdadero rol del Estado en el tema de las hojas de coca y de la droga. Algo de historia. Nos transportamos a 1975 cuando se produce un auge en el consumo de la cocaína a nivel mundial debido entre otros factores a la celebración de los cien años del lanzamiento de esta droga por un conocido laboratorio Pasteur que fuera acogido con elogios por Sigmund Freud, uno de los sabios de entonces que sólo pudo ver los aspectos benignos de la droga, como ser su uso como fármaco para la novocaína que permitió por primera vez delicadas intervenciones de la vista.
Además en un principio ciertas adicciones de drogas perniciosas y mortales se podían tratar con pequeñas dosis de cocaína, al punto que parecía que al fin la humanidad podría disponer de un producto maravilloso capaz de aliviar el dolor y producir placer. De estas virtudes nos habló el sabio en sendas conferencias difundidas en todos los idiomas, pero no pasó mucho para que se conocieran los efectos perniciosos de la droga y el daño irreparable que provoca en los seres humanos. Lo curioso es que los primeros escritos ensalzando el producto se propagaron más que los segundos del mismo autor describiendo sus experiencias propias en cuanto al tratamiento con la cocaína.
Colombia, Perú y Bolivia en ese orden, se convirtieron en los más grandes productores de hojas de coca y por tanto de cocaína, se apropiaron del mercado mundial. Utilizaron en su propagación una agresividad nunca vista y penetraron los antros del poder civil, militar, político y propagandístico. En el caso de nuestra Bolivia en contados años llegaron los grupos mafiosos a cobrar señorío en la política, los negocios, la prensa y el Ejército, recordemos al ministro de la cocaína Luis Arze Gómez que todavía purga 30 años en una prisión de Florida y a Luis García Meza en Chonchocoro.
Felizmente no todas las Fuerzas Armadas se vieron involucradas en el narcotráfico, tan sólo una falange muy bien identificada, los "puros" lograron salvar el honor de la Patria y derrocaron a los narcotraficantes y devolvieron la dignidad a Bolivia. El resultado es que fueron suscritos sendos convenios con Estados Unidos y la ONU para que nos ayuden a salir del progreso y desbaratar a las mafias metidas como una tenia en el organismo nacional.
En la ejecución de esos acuerdos, aceptamos de buena voluntad la entromisión de los donantes en nuestra política doméstica y les dimos margen a conocer de cerca y participar en la distribución y administración de las ayudas en un período que llega al tercer decenio y sin embargo, ignorando todo este pasado, nos atrevemos a echar en cara a los Estados Unidos por la ejecución de acuerdos discutidos, pactados y lo que es peor solicitados por los mismos gobernantes.
No extrañe entonces que Naciones Unidas que penalizó las plantaciones de coca, como lo hizo con la amapola de la que se obtiene el opio, exija seriedad al gobierno de Bolivia en la ejecución de las Convenciones. Si se considera que los pactos fueron erróneos y damos marcha atrás, se debe desandar todo el proceso y probar que la cocaína no es dañina, y que la hoja de coca, es inocua y garantizar que no será usada para fabrica la droga. Extremo imposible de cumplir, por lo que resulta risible, infantil, ingenuo que una pretendida "diplomacia de la coca" llegue a torcer la voluntad de los Estados que suscribieron los acuerdos.