Páginas vistas en total

jueves, 9 de agosto de 2007

Balance del festejo patrio

Artículo publicado por Los Tiempos, uno de los más serios e importantes diarios bolivianos y por el portal Noticias Bolivianas que hoy reanudó su servicio de audio (radioemisoras del eje central) que todos pueden oír vía internet.

Punto alto a la participación popular en todas las ciudades de Bolivia, donde con un renovado espíritu patriótico verdaderas multitudes se volcaron a las calles a dar testimonio de la Unidad y del respeto a la Ley y, si podemos interpretar algunos signos de la espontánea, masiva, unísona manifestación popular, de una exigencia de estabilidad, la terminación de los enconos y enfrentamientos a que los bolivianos estamos siendo lanzados y especialmente de inconfundible fervor por la Patria tal cual es, con su tricolor rojo, amarillo y verde y con los inamovibles tradiciones de respeto mutuo.

Punto alto a las Fuerzas Armadas que nos han dado una vigorosa muestra de su organización, disciplina y presencia. Porque la Gran Parada realizada en el escenario de El Trompillo de Santa Cruz, se repitió al mismo tiempo en La Paz, Sucre, Tarija, en todas las ciudades donde existe un soldado, vigía de la nacionalidad y vivo testimonio del Orden. Porque utilizando los recursos a mano, han podido reclutar a instruír en el uso de las armas, pero sobretodo en el ejercicio cívico a miles de ciudadanos que cada vez más numerosos concurren a los cuarteles habida cuenta del crecimiento demográfico notable que se registra en Bolivia, en contraposición al decrecimiento que afecta al mundo desarrollado donde los nacimientos son cada vez más pobres.

Punto alto al magisterio, a las prefecturas y alcaldías municipales que asumieron cada uno en su jurisdicción la responsabilidad de organizar las muestras de fervor cívico que según los usos y costumbres de nosotros bolivianos sirven para renovar nuestra fe en el destino de la Patria, reiterar nuestros votos de unión y fraternidad para lograr el mejor aprovechamiento de los recursos naturales y por ende por mejores condiciones de vida y trabajo para todos los bolivianos. Estos festejos, casi inexistentes en los países desarrollados o altamente industrializados que tienden más bien a confederarse para resolver en conjunto sus problemas, no gozan de su simpatía porque dicen “son para exaltar el nacionalismo, encumbrar a ciertos líderes, enaltecer acciones indebidas, o el germen de posibles conflictos a futuro” por la experiencia vivida antes y después de las guerras mundiales, en que se mataron unos a otros hasta llegar a su atomización o destrucción total

Punto en contra para quienes desde el poder público o desde los grupos del entorno masista incitaron al enfrentamiento, buscaron o buscan la división (dividir para reinar) porque consideran que toda la sociedad les debe guardar pleitesía, decirles alabanzas y aceptar sin discutir las acciones que vienen ejecutando desde hace 18 meses.

Punto en contra para el Presidente Morales, que se equivocó de nuevo en Sucre, con un discurso largo, tedioso, reiterativo, desordenado y excesivamente personalista “El Estado soy Yo” que todos repudiaron, rechiflaron, abajearon. Punto en contra por no haber presidido como estaba planeado con los organizadores del Desfile Cívico del 6 de agosto y haberse escabullido del escenario de la Plaza 25 de Mayo.

Punto en contra para quienes insultaron con frases de grueso calibre, irreproducibles a la Dignidad del Presidente de la República, porque olvidaron que ante todo y sobretodo se trata del Presidente de todos los bolivianos ante quién debemos actuar con respeto y dignidad.

Para poner borrón y cuenta nueva al balance aquí descrito, se puede concluír, como bien señala Germán Gutiérrez en su columna de Puntos de Vista de Los Tiempos que el respeto y la consideración tienen que ser recíprocos de la autoridad a los ciudadanos y de éstos a la autoridad, que la clave del funcionamiento de toda sociedad, está en una conducta diáfana y en el pleno reconocimiento de los derechos y deberes de cada cual.

Es de esperar que asesores y consejeros del Presidente lleguen a convencerlo de ejecutar un primer cambio fundamental para seguir adelante que consiste simple y llanamente en respetar al ciudadano si acaso se pretende que el hombre de la calle en lugar de insultar, abuchear, abajear y maldecir al Presidente, observe moderación y decoro, a la par que firmeza en sus reclamos si los considera justos.